La marea azul en Estados Unidos y el peligro de una fiera herida
Alejandro Torres Rivera
4 de noviembre de 2026
Dice el refrán que cuando una fiera está herida su agresividad se torna más peligrosa. Este pudiera ser un punto de partida a la hora de analizar el resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos tras la marea azul que tras las elecciones de medio término surge para dicho país. Ciertamente el resultado de las elecciones con la marea arrolladora de sus resultados para el Partido Demócrata, colocan al presidente estadounidense Donald Trump y sus huestes autoritarias y hegemónicas republicanas, en el papel de fieras heridas.
No es para menos. El país que se configura desde ahora hasta noviembre de 2028 es uno con una mayoría demócrata en la Cámara de Representantes y el Senado. Igualmente se han producido avances sustanciales de las gobernaciones en diferentes estados donde republicanos y demócratas se enfrentaron electoralmente hablando.
Datos iniciales publicados al 4 de noviembre en la mañana, indicaban que el Senado, donde una tercera parte de sus integrantes fue a la reelección, quedaría compuesto por 54 senadores demócratas frente a 44 senadores republicanos. Dos escaños quedarían aún por definir. El término de la elección en Estados Unidos de un Senador es de seis años y cada dos años se renueva una tercera parte, que va a elecciones en conjunto con las elecciones de los integrantes de la Cámara de Representantes.
Aun asumiendo el hecho de que los dos senadores por definir fueran vinculados al Partido Republicano, los demócratas seguirían en la mayoría de los escaños del Senado.
En el caso de la Cámara de Representantes, todos los puestos para congresistas van a elección cada dos años. El total de representantes es al presente 435 congresistas. El resultado de estas elecciones de medio término ha sido, hasta el 4 de noviembre en la mañana, de 228 escaños demócratas frente a 139 escaños republicanos. Sin decidir se encontraban 68 escaños.
La mayoría del cuerpo se compone por 218 congresistas. Por lo tanto, aun asumiendo que los 68 escaños restantes fueran republicanos, lo que no debería ser así, el Partido Demócrata ya habría superado los 218 escaños necesarios para formar una mayoría en el Congreso.
Donald Trump, al reconocer este resultado, que le derrota tanto a él como a su partido, se ha limitado a señalar que si él hubiera estado como candidato en la papeleta, el resultado sería otro; es decir, los republicanos se hubieran coronado como vencedores en las elecciones.
Nada más ajeno a la realidad, o mejor dicho, Trump vive una realidad alterna. Esta no le permite ver, entender o asimilar el claro mensaje de rechazo a su persona y a su partido de parte de los electores estadounidenses.
El voto popular en estas elecciones fue un rechazo a sus políticas económicas, militares e internacionales. Trump no entiende que la inflación, los aranceles, la guerra, entre otros factores, le alejan cada día más del pueblo estadounidense, incluso de aquellos que aún votan por él.
De nada han valido las aportaciones de cientos de millones de dólares obsequiados por su gobierno a su círculo de amigos millonarios y a sus propias empresas y negocios. Estos se han enriquecido a pasos acelerados con contratos para el desarrollo de nuevos y más destructivos armamentos; del desarrollo, cogido de manos como ha ocurrido con Netanyahu, de la guerra contra la República Islámica de Irán; del genocidio del pueblo palestino; y de la proliferación de conflictos regionales en el Medio Oriente y África.
La marea azul que presenciamos en estas elecciones de medio término es, más que una elección de funcionarios, un referéndum del pueblo que viene a confirmar lo que encuestas y sondeos indicaban antes de las elecciones: la pérdida de aceptación de Donald Trump y su administración tras dos años de gobierno bajo ésta, su segunda administración.
Los datos reflejan la victoria demócrata al Senado y la Cámara de Representantes en posiciones en las cuales hace mucho más de medio siglo la ola azul no había electoralmente hablando percolado, en algunos casos como Kansas, casi 100 años.
Los próximos dos años de gobierno en Estados Unidos serán de una guerra permanente entre un poder ejecutivo. Es de esperar a través del uso del veto constantemente como desde el Poder Ejecutivo, Trump intentará bloquear las propuestas de legislación de la Cámara de Representantes y del Senado, recogiendo entre otras el programa y reformas de los demócratas en áreas como los programas sociales, el tema migratorio, la impunidad de agencias como ICE, el uso de la fuerza represiva de la Guardia Nacional y la Policía, la militarización de la vida del pueblo estadounidense.
Es de esperar, además, que en su enfrentamiento con la Rama Legislativa, Trump recurra, además del ejercicio del poder de veto, incrementar la emisión de Ordenes Ejecutivas, para así pretender presidir el país por decretos.
El presidente Trump ha alegado la comisión de fraude en las elecciones de medio término, a pesar de las estrategias de manipulación llevadas a cabo por sus correligionarios, entre otras, alterando los distritos electorales con el único y deliberado propósito de favorecer candidatos republicanos.
Se especula lo que en adelante se propone llevar a cabo Trump con relación a Irán. Cada día se torna más intenso el rumor de utilizar armas como la MOAB, una bomba gigante capaz de destrozar todo a un radio a kilómetros de su lugar de impacto; y a la vez, destruir a profundidad instalaciones subterráneas en las cuales se alega Irán ha continuado su programa nuclear. También se especula la utilización con igual propósito de armamento nuclear táctico, es decir, armas nucleares convencionales con potencial más limitado a lo que son otras armas nucleares o de hidrógeno, en su arsenal con mayor poder destructivo.
Estados Unidos, que es el único país que hasta ahora ha utilizado armamento nuclear contra otro país, como fue el uso de estas bombas contra Hiroshima y Nagasaki en Japón en 1945, De recurrir a dichas medidas militares contra Irán, Estados Unidos estaría abriendo el espacio para justificar que otros países, con capacidad nuclear, también utilicen las que tienen en su arsenal contra otros Estados con los cuales sostienen conflictos.
Por sólo mencionar algunos de estos Estados, podemos referirnos a la República Popular Democrática de Corea y República de Corea; India y la República Islámica de Paquistán; la Federación de Rusia y Ucrania; Israel y los países del Medio Oriente; etc. Desencadenar el uso de esas armas podría eventualmente llevar a una Tercera Guerra Mundial.
Donald Trump, al igual que integrantes de su gobierno “no van a pasar con fichas” la derrota sufrida el 3 de noviembre. En los próximos dos años pueden hacer mucho daño.
Por el contrario, con el pasar de los días, Donald Trump se convertirá en un presidente más despótico, más autoritario, más agresivo que lo que ha sido hasta ahora. Entre los peligros que puede traer una fiera herida como es hoy Donald Trump, se encuentra cuál ha de ser su postura ante una posible intervención militar anunciada en Cuba; su injerencia en el caso de la República Bolivariana de Venezuela de cara a unas próximas elecciones en dicho país con la presencia de María Corina Machado; su interés por recuperar el control del Canal de Panamá; el incremento de Estados Unidos en la presencia militar en Puerto Rico; y el enfrentamiento, frente a la República Popular China y la Federación de Rusia, por el control zonas de influencia a escala global.
La fiera está herida, habrá que ver cuáles son sus próximos zarpazos.
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