Pasa desapercibido. Entre el ajetreo del día a día, las elecciones cada ves más cercanas y las irresponsabilidades de Trump damos por sentado las distintas maneras en que se nos ha restringido nuestra libertad de movimiento utilizando como argumento la lucha contra el virus. Ojo, aclaro que el presente escrito no tiene como fin la apertura total económica o minimizar la amenaza que el COVID-19 representa para nuestra salud. A lo que va el presente escrito es a cuestionar la medida de “protección” conocido como el toque de queda con el cual el Gobierno ha justificado el arresto de más de 1,003 personas desde el comienzo de la crisis.
Como bien sabemos, nuestros días se han acortado a días de 5 am a 10 pm hasta nuevo aviso. De pronto, parecería que el virus es un jornalero de tercer turno que poncha a las 10 pm para terminar a las 5 am del próximo día. Parecería que se le atribuye al virus un descanso de mínimo ocho horas previo continuar su labor de contagio. Simple y sencillamente no tiene sentido hacer cumplir mediante arresto un toque de queda cuando está comprobado que la gran mayoría de los contagios surgen en lugares de trabajo o en visitas familiares. Los posibles contactos de contagio no se dan a altas horas de la noche; se dan resolviendo el día a día.
¿Qué sentido tiene mantener el toque te queda mientras los centros comerciales, los restaurantes y las iglesias continúan abiertas? El mismo sentido que tuvo abrir los cines contra la recomendación médica o cerrar totalmente los domingos: el sentido del inversionismo político. En efecto, hace falta más para enfrentar la pandemia. Hace falta reactivos, hace falta pruebas masivas y hace falta asegurar tratamiento médico gratuito para quien lo requiera. El peligro de no cuestionar constantemente las medidas que se nos imponen, aún cuando en un inicio fuesen razonables, es su normalización. De por medio, suben los contagios, se arresta innecesariamente a nuestra gente y se erosionan nuestros derechos. Hace falta eliminar el toque de queda y exigir se atienda con seriedad la crisis de salud que atravesamos como país.
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