Escrito por Alejandro Torres Rivera / MINH
De acuerdo con una de las leyes de la dialéctica materialista, los grandes cambios cualitativos siempre han estado precedidos de numerosos cambios cuantitativos. Estos cambios cuantitativos en muchas ocasiones se desarrollan de manera casi imperceptibles. De ahí que cuando se produce un cambio cualitativo, en la mayoría de los casos éste nos sorprenda preguntándonos cómo ha sido posible llegar al mismo sin percatarnos de su eventualidad.
Nemesio Canales, extraordinario escritor puertorriqueño de las primeras décadas del pasado siglo, utilizando el personaje muy común a nuestros cuentos y los cuentos en otros países latinoamericanos del famoso ¨Juan Bobo¨, se preguntaba cómo si los trabajadores eran la mayoría del país, no eran ellos los que controlaran la Asamblea Legislativa para desde el ejercicio del tal poder, dictar aquellas leyes que fueran favorables a la mayoría del país, es decir, a la clase trabajadora. Hecha tal reflexión, indicaba que en ocasiones, ¨la lógica es la cosa más ilógica del mundo¨.
Desde tiempo inmemorial, la tortura ha sido un instrumento deshumanizante. La tortura degrada tanto al que como torturador la practica, como al torturado que es víctima de ella. A través de la historia hemos podido constatar su utilización contra el ser humano como método mediante el cual se pretende imponer al contrario los puntos de vista y concepciones de quien en un momento dado ejerce el poder frente a su adversario.
Dentro de nuestra encerrona hacia el resto del mundo, han pasado desapercibidos diferentes sucesos que por su importancia y trascendencia deberían llamarnos la atención. El 24 de octubre el Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, efectuó un importante discurso ante la XI Conferencia del Encuentro Internacional de Valdai.
El pasado 13 de octubre se publicó en la página electrónica 



