Viernes, Marzo 06, 2026

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Ponencia para el Primer Congreso sobre el Trastorno por uso de Sustancias en Entornos Académicos: Formación para Profesionales de Ayuda

 

 

29 de agosto de 2025

 

Buenos días a todas las personas asistentes a este importante evento, convocado bajo el tema Primer Congreso sobre el Trastorno por uso de Sustancias en Entornos Académicos: Formación para Profesionales de Ayuda. Nuestro agradecimiento personal por la invitación hecha para compartir con ustedes el tema que nos convoca. Mi saludo afectivo al amigo y compañero Dr. Heriberto Martínez, así como a los demás participantes de este panel de discusión, con quienes tengo la oportunidad de compartir en este  evento como ponente, y claro está, a la Dra.  Lis Saura Cruz Pizarro, quien nos convoca a la discusión.

 

Antecedentes a una discusión necesaria:

Indica el Informe titulado Plan Multidisciplinario para Atender el Problema de la Adicción mediante un Enfoque Salubrista, elaborado por  una Comisión designada por la Oficina del Gobernador el 17 de septiembre de 2008,  que salud mental es “la capacidad que pueda tener un ser humano de balancear y equilibrar sus pensamientos, emociones y conducta en su contexto, partiendo de su historia, de manera que pueda desarrollar su proyecto de vida de la forma más autónoma posible realizándose mediante el trabajo, el amor y el ocio y buscando el mayor grado de entendimiento, bienestar y felicidad personal, en relación con los demás seres humanos y la trascendencia.”

 

La mente—indica—“es la que provee sentido y dirección a nuestro proyecto de vida personal y a nuestro proyecto de vida colectivo.”

 

Continúa señalando el referido Informe que una “de las enfermedades que más afecta la salud mental de una persona es el uso o dependencia de las sustancias psicoactivas, o sea, aquellas que afectan el funcionamiento de nuestro cerebro afectando el buen juicio y el control de impulsos entre otras funciones.”

 

 

 

 

La alteración en el funcionamiento del cerebro por el uso de tales sustancias, puede llevar a la adicción a las mismas. Según recoge el Informe, la adicción “se define como una enfermedad que afecta al cerebro, crónica y con múltiples recaídas, que se caracteriza por la búsqueda y uso compulsivo de la sustancia a pesar de sus consecuencias dañinas”.[1]

 

La adicción, continúa señalando el Informe de 2008, es considerada una “enfermedad cerebral porque las drogas cambian el cerebro, su estructura y cómo trabaja.” De ahí su definición como “enfermedad” y, en consecuencia, la necesidad de un acercamiento en  sus manifestaciones y tratamiento desde una perspectiva de salud pública.

 

Indica Reinaldo D. Zayas Núñez en su libro Una solución real a los problemas de las drogas (2013), sobre lo que él denomina “perfiles del adicto y su paso por diferentes etapas”, lo siguiente:

 

“Nadie amanece un día y dice hoy quiero comenzar a ser drogadicto.

 

Los que comienzan el uso de sustancias controladas en su gran mayoría, lo hacen pensando que su uso es recreativo a tono con su ambiente social y jamás piensan que serán adictos.

 

Los adictos creen por mucho tiempo que están en ‘control’ (sic) que ellos dominan las drogas.

 

La co-dependencia va incrementando poco a poco según cambian a drogas más fuertes y es cuando comienzan las justificaciones.

 

Ya se pierde el control y automáticamente se tornan medio  o totalmente disfuncionales.

 

Ahora comienza la etapa de delinquir, faltar a la honestidad, se van perdiendo todos los valores positivos comenzando con perder el respeto a la propiedad de sus padres, a la de sus familiares, vecinos y amigos verdaderos; en fin pierden el respeto a sí mismos. ‘Se hace lo que se tenga que hacer para conseguir la cura.”

 

Al definir el concepto “salud pública”, el Informe de 2008 antes citado, la define desde una perspectiva abarcadora, como “la ciencia y el arte de proteger y mejorar la salud de las comunidades mediante la educación, la promoción de estilos de vida saludables y la investigación en la prevención de enfermedades y traumatismo.”

 

Sobre el manejo de la adicción, nos indica, que en el año 1963 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) señaló que “no se le debe hacer a una persona con adicción más daño que el que le causa la droga de consumo.” En esa medida, un modelo de salud pública, en el manejo de la adicción a sustancias o drogas como una enfermedad, debe partir de la premisa de concentrarse en “reducir la demanda por las drogas con potencial de abuso”, sean estas “legales, ilegales o proscritas.”

 

El Informe señaló como “sustancias legales que provocan adicciones el alcohol y la nicotina, e ilegales, la marihuana, cocaína, heroína”. Hoy podríamos añadir, entre otros y para fines de la discusión que nos convoca, derivados químicos como son el fentanilo y el carfentanilo.

 

El Fentanilo:

De acuerdo con la publicación titulada Drug Fact Sheet del “Department of Justice/Drug Enforcement Administration” de Estados Unidos[2], el fentanilo se desarrolla para el año 1959, pero se introduce como sustancia intravenosa legal con fines médicos en 1960.

 

Entre los años 2011 y 2021 el número de personas fallecidas por el uso ilegal de la sustancia ha incrementado significativamente. De 2,600 casos anuales entre 2011 y 2021, ascendió a 71,000 casos en 2021. Indica que en Estados Unidos, para el año 2017, “el fentanilo fue parte del 59.8% de las muertes relacionadas con opioides, comparado con 14.3% en 2010.”

 

Se estima que desde el año 2000 más de un millón de personas han fallecido en Estados Unidos como resultado de sobredosis de opioides. Un estudio de la Clínica Mayo y la Universidad de Yale encontró que las muertes por fentanilo  en Estados Unidos se triplicaron entre 2016 y 2021.[3] Indica el estudio que la epidemia de los opioides le costó a Estados Unidos en 2020 la cifra de $1.5 trillones o el 7% del PIB. En consecuencia a lo anterior, bajo la administración de Joseph Biden, Estados Unidos declaró el tráfico de opioides sintéticos hacia su país como una “emergencia nacional”, suscribiendo el presidente dos Órdenes Ejecutivas para permitir sancionar a individuos y entidades asociadas con la producción y diseminación del fentanilo.

 

Indica el National Institute on Drug Abuse (NIH por sus siglas en inglés)[4], que el fentanilo es un “fuerte opioide[5] sintético similar a la morfina pero entre 50 y 100 veces más potente.” Señala que suele recetarse a pacientes “con dolores intensos, especialmente después de una operación quirúrgica.” Se puede administrar mediante inyecciones, parchos sobre la piel o pastillas. El consumo de manera ilegal se vende usualmente en polvo, gotas, rociadores nasales o pastillas.[6] Se suele mezclar con otras drogas. Indica la página citada que luego de consumirlo varias veces, “el cerebro se adapta a la droga y su sensibilidad disminuye, lo que hace que resulte difícil sentir placer con otra cosa que no sea la droga.” Lo anterior lleva a la persona a la adicción. “Cuando una persona se vuelve adicta—indica—la búsqueda y el consumo de la droga se apoderan de su vida.”

 

El fentanilo es mucho más barato que la heroína, por lo cual ha ido desplazando a esta última en el consumo de drogas opiáceas. Veinte kilos de fentanilo, por ejemplo, equivale a una tonelada de heroína.

 

Entre los efectos del uso del fentanilo se encuentran: felicidad extrema, aletargamiento, náuseas, confusión, estreñimiento, sedación, problemas para respirar y pérdida del conocimiento. Para el consumidor, como indicamos, el fentanilo resulta más económico que otras drogas como son la heroína o la cocaína.

 

La ausencia de su consumo para un adicto a la sustancia, le provoca el llamado “síntoma de abstinencia”, que incluye dolores de músculos y huesos, problemas para dormir, diarrea y vómitos, escalofríos, movimientos incontrolables de las piernas y deseos intensos de consumir el fentanilo.

 

En el caso de la administración del fentanilo por prescripción médica, es importante señalar que el paciente medicado no debe consumir la droga, ni en una dosis mayor, ni  con una frecuencia mayor, a lo prescrito por su médico.

 

De acuerdo con la página electrónica MedlinePlus[7], algunos efectos secundarios del uso del fentanilo pueden ser “graves”. Menciona entre ellos: cambios en el ritmo cardiaco; agitación; alucinaciones; fiebre; sudoración; confusión; ritmo cardiaco acelerado; temblores; espasmos o rigidez muscular intensa; náusea; vómitos; falta de apetito; debilidad o mareos; incapacidad para mantener la erección; menstruación irregular; disminución del deseo sexual; convulsiones; erupción cutánea; ronquera; urticaria; picazón; dificultad para respirar o tragar; hinchazón de la cara, labios, lengua o garganta; cambios en el ritmo cardiaco; dolor en el pecho y somnolencia extrema.

 

Indica, además, que los efectos de una sobredosis incluyen cansancio o somnolencia excesiva; respiración lenta o poco profunda; dificultad para respirar; piel fría y húmeda; pupilas dilatadas o contraídas; incapacidad de responder o despertarse; ritmo cardiaco lento y ronquidos inusuales.

 

La crisis del fentanilo en Estados Unidos y la guerra comercial con la República Popular China

 

Raimundo Viejo Viñas, en su ensayo titulado Aranceles, fentanilo y geopolítica, el frente farmacológico en la guerra comercial,[8] indica lo siguiente:

 

“La crisis del fentanilo que asola EEUU desde principios de la pasada década es la más devastadora de cuantas haya tenido origen en el consumo de drogas. Atrás quedan las dos olas que precedieron al fentanilo, pero que advertían ya de un peligro intrínseco al régimen farmacológico norteamericano. Esta siniestra genealogía no es casual, sino política, y tiene origen en el devastador modelo de sanidad privada que ningún presidente se ha atrevido a enmendar por miedo a los intereses de aseguradoras, farmacéuticas  y beneficiarios del sistema.”

 

La primera ola que describe fue la ocurrida entre los años noventa y 2010 y fue relacionada con sustancias como la oxicodona, la hidrocodona, la morfina  y otros opioides recetados, los cuales crearon dependencia en múltiples pacientes; la segunda ola fue por el uso de la heroína, triplicando así entre 2010 y 2015 el número de muertes por sobredosis. Señala que a partir del año 2020, con la COVID-19, “la incautación de pastillas con fentanilo se disparó: de 1,149,037 pasó a 115,562,603.”

 

Indica el autor que, durante la campaña electoral de 2017, Donald Trump amenazó a la República Popular China con que, si continuaba vendiendo y exportando fentanilo a través de México, impondría un arancel a los productos chinos de 25%.

 

Hasta el año 2018, la República Popular China enviaba el fentanilo a Estados Unidos, México y Canadá como un producto “acabado y legal”. A finales de ese año, la República Popular China “modificó el estatus legal del fentanilo y otras sustancias similares prohibiendo las exportaciones”. Sin embargo, lo anterior no ocurrió con relación a sus “precursores”. Más adelante la República Popular China y Estados Unidos negociaron “prohibir la exportación de una treintena de precursores”; forzó el cierre de 332 cuentas empresariales que exportaban la sustancia desde dicho país y 1,016 tiendas que lo vendían “on-line”.

 

Indica el autor que la República Popular China ha utilizado el fentanilo como un arma diplomática en sus relaciones con Estados Unidos.

 

El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y los efectos de la guerra comercial arancelaria contra el país asiático aún está por verse en lo relacionado con el manejo por parte de China del fentanilo.

 

Concluye Viejo Viñas su escrito con un señalamiento lapidario: “el ‘trumpismo ácido’ (psiquedélicos para las oligarquías, benzodiacepinas para las clases medias, fentanilo para las clases bajas) podría ser la opción emergente que habita ya el bloque reaccionario y disputa el futuro viejo punitivismo.”

 

El estudio del Observatorio de Salud Mental y Adicción de Puerto Rico sobre el fentanilo: una bomba de tiempo

De las 4,172 defunciones relacionadas con sus intoxicantes en Puerto Rico entre 2018 y 2024, 3,026 tenían rastros de fentanilo, 90 de morfina, 44 de heroína, 2,067 de cocaína, 20 de caetileno, 5 de metanfetaminas, 315 de alcohol, 114 de benzodeacepinas y 703 de xilacina. Entre 2022 y 2024 ocurrieron 4,516 sobredosis no fatales. En el primer trimestre de 2025, el Instituto de Ciencias Forenses (ICF) contabilizó la muerte de 153 personas por sobredosis.

Un estudio hecho por la firma StratSol, Inc. para la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción, titulado Breve Epidemiológica: Muertes por Sobredosis con Fentanilo Detectado en Puerto Rico, 2018-2024, revela datos preocupantes. Utilizando como fuente de información al Instituto de Ciencias Forenses (ICF),  el estudio indica lo siguiente:

 

“Los datos del ICF muestran un aumento significativo en las muertes por fentanilo detectado desde 2018. Ese año se registraron 156 muertes, cifra que se duplicó en 2020 con 393 casos, y que alcanzó un pico de 628 fallecimientos en 2022. Esta tendencia no solo representa una crisis sanitaria, sino también una evidencia del desplazamiento del mercado de opioides hacia sustancias más potentes y peligrosas. Se ha confirmado que más del 80% de las muertes por sobredosis desde 2022 incluyen detección de fentanilo, consolidando su rol como principal agente causal de la mortalidad por intoxicación en la Isla.(ICF, 2024; CDC, 2023).”

 

Indica el estudio que datos previos ya informaban “un incremento de más de 300% entre 2028 y 2022”. En Estados Unidos, indica, “el fentanilo fue responsable de más de 74,000 muertes por sobredosis en 2022.” Se estima que las muertes diarias en Estados Unidos alcanzan la cantidad de 265 personas.

 

El estudio responsabiliza por esta crisis la aprobación a mediados de la década de 1990 del “OxyCotin” y el aumento en el uso promovido por campañas masivas de mercadeo, lo que “condujo a una creciente dependencia de los opioides entre la población.” Señala que, como  indica Rodríguez Díaz[9], el paso del Huracán María y la pandemia exacerbaron “condiciones estructurales que afectaron la salud mental y aumentaron el uso de sustancias. La combinación de trauma colectivo, pobreza, desplazamiento poblacional e interrupción de servicios constituye una ‘sindemia’[10] que agrava la crisis de sobredosis.”

 

Se indica que los municipios con mayor número de muertes por sobredosis en Puerto Rico son San Juan, Bayamón, Ponce, Caguas y Carolina, concentrándose en ellos el 42% de los fallecidos.

 

Señala el estudio que los varones representan el por ciento mayor de las muertes “concentrándose en los grupos de edad entre 25 a 44 años y 45 a 64 años”, representando en conjunto el 70% de las muertes.

El Carfentanilo: nueva amenaza

El jueves 31 de julio de 2025 el periódico El Vocero publicó, a la página 6, bajo el titular Temen repunte de sobredosis fatal tras hallarse carfentanilo, lo siguiente:

 

“El carfentanilo, una droga mil veces más poderosa que el fentanilo y diez mil veces más potente que la morfina, podría detonar un repunte de casos de sobredosis en Puerto Rico, tras hallarse los primeros rastros de la droga en la Isla durante un operativo policiaco en Caguas, alertó el secretario del Departamento de Salud (DS), Víctor Ramos Otero.”

 

Señaló el titular de Salud que “su presencia en las calles representa una amenaza significativa, tanto para la persona usuario como para el personal de emergencia que podría exponerse accidentalmente.” Indica la noticia que entre 2018 y 2024 “se detectaron rastros de alguna sustancia psicoactiva en los cuerpos de 4,380 personas fallecidas”.

 

Por su parte el periódico Metro, en su edición del 4 de agosto de 2025, indica que el Secretario del Departamento de Corrección y Rehabilitación, Francisco Quiñones, reconoció que en el año 2024 la principal causa de muertes en la Cárcel de Bayamón se debió al uso de sustancias controladas. Indicó que en dicha institución carcelaria, el fentanilo había desplazado a la heroína. Señaló que de momento “no se han detectado casos de carfentanilo”, aunque sí se están adoptando medidas preventivas para el manejo de la situación.

 

El carfentanilo  puede resultar en la muerte de una persona por el mero contacto físico con la sustancia. El carfentanilo se utiliza legalmente, entre otros usos permitidos, para dormir elefantes, rinocerontes y osos. Fue utilizado en 1974 por un equipo de químicos de una compañía farmacéutica. Su uso en la medicina veterinaria comenzó en 1986.

 

Todavía es temprano para describir los efectos de esta sustancia en la población adicta en Puerto Rico.

 

 

El fentanilo y la geopolítica:

Jordi Bacaria Colom, en su artículo publicado en Foreign Affairs Latinoamérica,[11] titulado “La crisis geopolítica del fentanilo” de abril 2024, señala que “[U]no de los temas que más afectan la relación bilateral entre Estados Unidos y México es el fentanilo.”

 

De hecho, en dicho país, algunos congresistas han promovido que el gobierno declare los carteles de drogas mexicanos como “organizaciones terroristas”, impulsando incluso el uso de la fuerza militar por parte de Estados Unidos para enfrentar sus amenazas.

 

Señala el autor, sin embargo, añade lo siguiente:

 

“El gobierno de Estados Unidos debe dejar de buscar la solución al problema del fentanilo fuera de sus fronteras. Si no soluciona su problema de salud pública del lado de la demanda, nada de lo que suceda o deje de suceder en China o México modificará de manera sustantiva los patrones de consumo.”

 

El escrito señala que la oferta de fentanilo “se ha diversificado a favor de organizaciones criminales mexicanas y la producción se desplaza a otras regiones como resultado de las políticas de interdicción”. A escala global, señala, los dos países con mayor consumo de fentanilo, después de Estados Unidos, son Alemania y España. En el orden que mencionamos, le siguen Italia, Francia, Países Bajos, Reino Unido y Bélgica; y en América Latina, Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Honduras, Panamá y Venezuela.

 

En el caso del fentanilo, se indica por el autor que México y la República Popular China son sus principales productores. Se señala que 2.6 libras de fentanilo pueden producir más de 50 mil dosis letales del producto.

 

Para diciembre de 2023, fueron incautadas en la frontera sur de Estados Unidos con México 27 mil libras de fentanilo. La mayor parte de la sustancia era transportada e introducida al país por ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, a pesar de las incautaciones, dada la potencia del fentanilo como droga, su contrabando es mucho más fácil toda vez que  puede transportase en pequeñas cantidades.

 

En el caso de la República Popular China, donde entre 2014 y 2019 se producía entre el 70% y el 80% del fentanilo ocupado por las autoridades de Estados Unidos, si bien se ha reducido significativamente la entrada de la sustancia a dicho país por la prohibición de su producción en la República Popular China a partir de 2019; dicho país continúa fabricando ingredientes asociados a la producción de fentanilo. En el caso de Canadá, durante el 2024 fueron incautadas en la frontera con Estados Unidos 43 libras de fentanilo.

 

Bajo la administración de Donald Trump el fentanilo ha sido  declarado “una amenaza mayor”. Se indica que el Departamento de la Defensa (DOD por sus siglas en inglés), ha propuesto considerar el tráfico de la droga como un “arma de destrucción masiva”, promoviendo el desarrollo de legislación para atender el problema, obviamente desde una postura militar.

 

En la reunión anual de la comunidad nacional de inteligencia de Estados Unidos celebrada el pasado mes de marzo, se catalogó al fentanilo como la amenaza principal para dicho país, luego de lo cual Donald Trump anunció el incremento de tarifas arancelarias para Canadá, México y la República Popular China, países que responsabiliza por la introducción de drogas a Estados Unidos.

 

Funcionarios de la Administración Trump en Estados Unidos, incluyendo a su Secretario de Estado, Marco Rubio, han amenazado con el uso de las fuerzas armadas estadounidenses contra organizaciones que han sido designadas por dicho país como “terroristas”. En el pasado, bajo su primera administración, funcionarios del gobierno de Estados Unidos propusieron el uso de drones dentro del territorio de México para eliminar mediante misiles los carteles de drogas.

 

Una reciente Orden Ejecutiva firmada por Donald Trump permitiría el uso de las fuerzas armadas contra entidades designadas como “terroristas” y así actuar contra un gobierno extranjero.

 

La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha negado la posibilidad de un ataque o invasión a México por parte de Estados Unidos, destacando que ha habido esfuerzos por parte de México en colaborar con las preocupaciones estadounidenses. Tal ha sido el caso de la deportación a Estados Unidos de 26 importantes narcotraficantes requeridos por dicho país; el incremento en las incautaciones de drogas en la frontera, principalmente del fentanilo, como indicamos, causante de la muerte de más de 70 mil estadounidenses el pasado año como resultado de sobredosis; así como el incremento de ataques a mafias  que operan al interior de México. Se incluye también la declaración de seis carteles de droga mexicanos como organizaciones terroristas internacionales.

 

Entre 2022 y 2023 las muertes causadas por sobredosis de drogas en Estados Unidos ascendieron a 111 mil muertes, la mayoría atribuidas al fentanilo.

 

De acuerdo con Trump, los carteles de la droga son en estos momentos una amenaza sin precedente para la seguridad nacional de Estados Unidos, superando los peligros del crimen organizado tradicional.

 

En días recientes Trump ha ordenado, como parte de su estrategia militar contra los carteles de drogas, el desplazamiento de un grupo anfibio de combate a la región sur del Caribe, cerca de la costa de la República Bolivariana de Venezuela. El grupo está integrado por el buque anfibio USS Iwo Jima, un submarino nuclear, otros medios navales adscritos al Comando Sur, así como la “22va. Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina”.[12] La fuerza incluye, además, aviones de combate F-35B, helicópteros de combate y transporte de tropas y aviones P-8.[13]

 

Señala Nicholas Dockery, en su escrito titulado La Crisis del Fentanilo: una epidemia de alta gravedad para la seguridad nacional,[14] que el fentanilo es la principal causa de muerte de estadounidenses entre los 18 y 45 años. A tales efectos indica lo siguiente:

 

“En los últimos 25 años, más de 727,000 estadounidenses han muerto por sobredosis de opioides, lo que marca un aumento de diez veces  en las tasas de mortalidad de 1999 a 2022. Casi la mitad de estas muertes ocurrieron entre 2017 y 2022, con 81,806 vidas perdidas solo en 2022. Se estima que los opioides sintéticos, principalmente el fentanilo fabricado ilegalmente, contribuyeron al 90 por ciento de estas muertes.”

 

El escrito indica, además, que durante la pandemia de la COVID-19,  “las poblaciones afroamericana y latina experimentaron los mayores aumentos en las tasas de mortalidad por sobredosis.” El autor añade que un Comité Conjunto de EE.UU. “estimó que la crisis de opioides le costó al país 1.5 billones de dólares en 2020, un aumento de 37% con respecto a 2017.” La anterior cifra incluye “los costos de atención médica, la pérdida de productividad, los gastos de justicia penal y la reducción de la calidad de vida de los sobrevivientes de sobredosis.” En lo que concierne al mercado laboral, entre 1999 y 2015 ha habido un 43% de disminución en la tasa de participación laboral de los hombres y de 25% en las mujeres.

 

Añade el autor:

 

“La crisis del fentanilo se ha convertido en una amenaza significativa para la seguridad nacional, lo que reduce la capacidad de Estados Unidos para proteger sus intereses nacionales. Genera desafíos para el reclutamiento y la movilización militar, así como para industrias vitales. La omnipresencia de la epidemia y sus vínculos con las organizaciones delictivas transnacionales (OCT) generan vulnerabilidades que actores extranjeros como la República Popular China, pueden explotar. Los efectos del fentanilo y los esfuerzos necesarios para combatirlo reducen el poder estadounidense y agotan los recursos, impidiendo su asignación a fines más productivos y beneficiosos.

 

La naturaleza global de la producción y el tráfico de fentanilo ha consolidado su posición como un componente crucial de la competencia geopolítica y la política exterior estadounidense. Dado que la cadena de suministro se desarrolla principalmente a través de China y México, abordar esta crisis es inherentemente un desafío diplomático. Las relaciones entre Estados Unidos y México se han visto afectadas por décadas de cooperación fallida en la lucha contra el narcotráfico, a pesar de las sustanciales inversiones realizadas.”

La crisis del fentanilo, señala Dockery, “representa una combinación de emergencia de salud pública, disrupción económica y desafío geopolítico”. Propone para ello un plan integral bajo el nombre “América Primero”, que incluya: (a) mejorar las capacidades de recopilación y compartición de inteligencia para interrumpir cadenas de operación y suministro de los carteles; (b) fortalecer medidas de seguridad fronteriza; (c) implantar sanciones económicas y presión diplomática sobre países que producen y trafican con fentanilo; (d) desarrollar iniciativas sólidas de salud pública para abordar la adicción, tratamiento y tecnologías de detección mejoradas; (e) invertir en investigación y desarrollo de alternativas no adictivas; (f) reformar políticas internas para abordar las causas de la adicción, incluidas las disparidades socioeconómicas y los problemas de salud mental; (g) fortalecer la cooperación internacional mediante acuerdos multilaterales y operaciones conjuntas de interdicción; (h) campañas de comunicación estratégicas sobre los peligros del fentanilo y combatir la desinformación.

 

Culmina el autor indicando que ante el peligro claro y presente para la seguridad nacional de Estados Unidos, la respuesta debe ser coordinada, sostenida e integral.

 

Retornar al pasado para proyectarnos al futuro

El Informe con el cual iniciamos esta conversación planteaba que la adicción, como enfermedad crónica,  si bien no es curable, puede ser manejada y controlada. Su tratamiento, repetimos, supone que habrá recaídas. De ahí que no veamos en la “recaída del adicto” en el uso de sustancias una conducta delictiva más, sino la necesidad de continuar el acompañamiento del mismo el su proceso de rehabilitación.

 

El National Institute for Drug Abuse (NIDA) publicó entonces una Guía en la cual se identificaban los siguientes “principios de un tratamiento efectivo para la adicción” (“Principles of Drug Addiction Treatment”):

 

  1. Ninguna modalidad de tratamiento es apropiada para todas las personas.

 

  1. Es necesario que el tratamiento esté fácilmente accesible y disponible.

 

  1. Un tratamiento efectivo atiende las múltiples necesidades de la persona, no solo su uso de drogas.

 

  1. Es necesario evaluar el plan de tratamiento y servicios y modificarlos según sea necesario.

 

  1. Para que el tratamiento sea efectivo  y crítico es necesario que la persona se mantenga en tratamiento por un período de tiempo adecuado (mínimo de 90 días).

 

  1. Consejería individual o de grupo y otras terapias conductuales.

 

  1. Los medicamentos son un elemento importante del tratamiento, combinado con consejería y otras terapias conductuales.

 

  1. Cuando la persona abusa o depende de drogas sufre un trastorno mental coexistente y debe ser tratada para ambos trastornos de forma integrada.

 

  1. La desintoxicación médica es solo la primera etapa del tratamiento.

 

  1. El tratamiento no necesita ser voluntario para ser efectivo.

 

  1. El posible uso de drogas durante el tratamiento debe ser monitoreado continuamente.

 

  1. Los programas de tratamiento deben evaluar para HIV-SIDA, Hepatitis B y C, Tuberculosis y otras enfermedades infecciosas y proveer consejería para ayudar a los pacientes a cambiar las conductas que los exponen.

 

m. Recuperarse de la adicción puede ser un proceso a largo plazo y frecuentemente requiere múltiples episodios de tratamientos.

 

Nos parece que estos principios siguen teniendo total pertinencia en lo que corresponde al modelo de tratamiento a seguir en torno al problema de la adicción en Puerto Rico y en particular al enfrentar las consecuencias del uso del fentanilo.

 

Conclusión

Un enfoque salubrista hacia la adicción por parte del Estado supone entender, como antes indicamos, que no hay proceso de rehabilitación sin recaídas. Estas, sin embargo, pueden reducirse como propone el Informe, con un tratamiento adecuado donde converjan la consejería, las terapias y el uso de medicamentos para reducir los síntomas desarrollados al cesar en el uso de las drogas.

 

El Informe de 2008 señalaba que mediante estudios científicos se había demostrado que “el tratamiento, cuando es mantenido y sostenido a lo largo del tiempo, reduce la actividad criminal y delictiva, violenta y no violenta, entre un 40-50%” y reduce el riego de infectarse con VIH-SIDA.

 

No hay que inventar la rueda sino ajustar en estos momentos las políticas del Estado a las nuevas situaciones y retos que presenta la producción, trasiego y uso de sustancias adictivas en Puerto Rico.

 

Sí se puede intervenir efectivamente en “reducir la demanda por la droga entre los usuarios crónicos”-- indicaba el Informe-- destacando que “podemos reducir dramáticamente el consumo y la criminalidad asociada con su uso entre las personas que delinquen para obtener recursos que utilizan para financiar el uso  compulsivo de drogas ilegales.”

 

El reto sigue en pie. La experiencia ha demostrado que las estrategias seguidas hasta ahora han fracasado. La manera de enfrentar el problema de la adicción a sustancias controladas no puede ser únicamente desde un acercamiento punitivo. La adicción a drogas es una enfermedad y como tal debe ser tratada. Es hora de plantearnos otras opciones donde se superen moldes, se atienda el manejo de prejuicios y nos plateemos no repetir errores.

 


[1] El National Institute on Drugs Abuse, en su edición revisada de junio de 2021, bajo el título El Fentanilo-Drugs Facts, señala que se puede ser “dependiente a una droga sin ser adicto, pero la dependencia a veces conduce a la adicción.” Continua señalando la publicación que la adicción “es la forma más grave del trastorno por consumo de drogas. Este trastorno se caracteriza por la búsqueda y el consumo de la droga, algo que puede ser difícil de controlar a pesar de las consecuencias perjudiciales que acarrea.” Ver www.getsmartaboutdrus.com

[2] www.getsmartaboutdrugs.com

[3] Citado por Mariel Ferragamo y Claire Klobucista en El Fentanilo y la epidemia de opioides en EE.UU., (2025), Council on Foreign Relations.

[4] https://nida.nih.gov/es/publicaciones/drugfacts/el-fentanilo

[5] Los opioides se encuentran de manera natural en la planta de amapola. El fentanilo, sin embargo, se produce en laboratorios.

[6] Ver también https://www.assma.pr.gov. La publicación recomienda el uso, a manera de antídoto cuando se sufre una sobredosis de fentanilo, el medicamento naloxona aplicado a través de inyección intramuscular, aspiración nasal o inyección intravenosa.

[7] https//medlineplus.gov/spanish/druginfo/meds/a605043-es.html

[8] https://ctxt.es20250501/Politica/49226

[9] Rodríguez-Díaz, C. E. , Garriga-López, A. Malavé-Rivera, S.M.,& Vargas-Molina, R. L. (2020). Syndemics and the Puerto Rican Experience of COVID-19: Vulnerability, resilience, and challenges ahead. American Journal of Public Health, 110 (9), 1356-1358. https://doi.org/10.2105/AJPH.2020.305882

[10] En la página electrónica de Wikipedia, el término  nos refiere a cuando se concentran dos o más epidemias o brotes de enfermedades en un conglomerado de personas “condicionadas por las circunstancias sociales, políticas y económicas de tal población durante un período y lugar determinado.” Ahora bien, no se trata meramente de sumar varios tipos de enfermedad, sino cómo estas enfermedades interactúan unas con otras, creando un problema mayor y más complejo de salud.

[11] https://revistafal.com/la-<crisis-geopolitica-del-fentanilo

[12] Ver noticia de Natasha Bertrand en CNN digital, 15 de agosto de 2025, titulada EE.UU. despliega más de 4,000 militares adicionales en aguas cercanas a Latinoamérica para su lucha contra los carteles.

[13] “El Universo”, Esta dirección de correo electrónico está protegida contra robots de spam. Necesita activar JavaScript para poder verla , 19 de agosto 2025.

[14] https://www.defensenews-com.translate.good/native/2025/01/31

 


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