El pasado 7 de octubre se cumplieron dos años de los ataques llevados a cabo por Hamás contra pobladores israelíes en los territorios ocupados en Palestina. Los ataques fueron el preludio de la ofensiva militar del estado de Israel contra la población palestina en la Franja de Gaza y Cisjordania. La ofensiva militar de Hamás se desarrolló en ocasión de conmemorarse el cincuentenario de la llamada “Guerra de Yom Kippur” de 1973, desatada por varios países árabes para recuperar los territorios perdidos durante la “Guerra de los Seis Días” en 1967.
La Franja de Gaza comprende un territorio ubicado en la península de Sinaí de poco más de 41 kilómetros de largo y poco más 10 kilómetros de ancho. En él residían hace aproximadamente dos años 2.3 millones de palestinos. Su superficie era menos de una tercera parte de lo que fue la Franja en el diseño de partición original de las Naciones Unidas en 1947. La Franja de Gaza era considerada hasta hace dos años, uno de los territorios más densamente poblados del planeta, con 9 mil personas por kilómetro cuadrado. Colindaba por el oeste con el Mar Mediterráneo; por el norte y este con Israel y por el sur, con Egipto. Desde las elecciones de 2006, a diferencia de Cisjordania donde gobierna la Autoridad Nacional Palestina (ANP), en el territorio de Gaza gobierna la organización islámica Hamás.
La península del Sinaí fue ocupada por Israel tras la “Guerra de los Seis Días” de 1967. En ésta, Siria perdió el territorio conocido como la Alturas del Golán, que es de donde fluyen las aguas del Río Jordán que hoy divide Cisjordania del Reino de Jordania. Cisjordania entonces era conocido como el “Margen Occidental del Río Jordán” (“West Bank” en inglés), territorio que también Israel pasó a ocupar, como también ocurrió con la parte Este de la ciudad de Jerusalén, que bajo los Acuerdos de Partición en 1947 debería ser compartida su administración tanto por Palestina como Israel. Allí se encuentran localidades y edificaciones consideradas sagradas por las tres religiones monoteístas: católica, islámica y judía.
En el caso de Egipto, que propiamente perdió la península del Sinaí en 1967, tras su reconocimiento del Estado de Israel el 19 de noviembre de 1977, gran parte del territorio ocupado en la península de Sinaí fue devuelto a la soberanía de Egipto, aunque en el territorio oeste colindante con la Franja de Gaza, Israel se arrogó su control estableciendo un bloqueo por mar, tierra y aire a la población palestina residente en dicho territorio.
La Franja de Gaza y Cisjordania, tras los Acuerdos de Oslo de 1993, pasaron a ser un territorio discontinuo. Como indicamos, Cisjordania es administrado por la Autoridad Nacional Palestina (ANP), mientras la Franja de Gaza, tras las elecciones de 2006, pasó a quedar bajo el control político de Hamás. Hamás mantiene una postura político-militar frente a Israel distinta a la ANP. Entre la estructura política prevaleciente de gobierno en Cisjordania y la de la Franja de Gaza existen profundas diferencias en torno a los métodos de lucha a seguir frente a Israel.
Fue en el territorio de Gaza desde donde se originó la primera Intifada en 1987, año que coincide con la fundación de Hamás. Las distintas Intifadas se extendieron más adelante a todos los territorios palestinos ocupados por Israel. Desde Gaza, operaban también otras organizaciones islámicas palestinas afines a las posturas de Hamás frente a Israel, e incluso más radicales. Entre ellas destaca el Jihad Islámico, la cual también tomó parte en los sucesos acaecidos el 7 de octubre de 2023.
A raíz del bloqueo impuesto por Israel y las terribles condiciones bajo las cuales vivía su población, la Franja de Gaza era considerada como la mayor “prisión al aire libre”. Ese bloqueo impuesto por Israel al territorio por los pasados 16 años se consideraba una violación de la Convención de Ginebra.
Previo a los sucesos del 7 de octubre de 2023 la tasa de desempleo en Gaza era, según datos del Banco Mundial, de un 40%; el 65% de su población vivía, según la ONU y el Programa Mundial de Alimentos, por debajo del umbral de pobreza; el 63% de su población se encontraba en estado de inseguridad alimentaria; la mitad de la población, la cual tiene menos de 19 años, tenía poca o ninguna perspectiva de crecimiento económico; prevalecía una ausencia de ayuda emocional para la población, particularmente en el caso de ancianos y niños; existía un deterioro creciente de los servicios de salud, educación y transporte; la privación de servicios esenciales para sectores de la población desplazada fuera de los linderos del territorio; Israel había impuesto una prohibición a la navegación y pesca más allá de ciertas delimitaciones de su costa; de manera sistemática se había llevado a cabo la destrucción de su infraestructura crítica, tanto de energía eléctrica como agua; y más de 600 mil personas se encontraban viviendo en ocho campamentos de refugiados. A lo anterior se suma un sistema de apartheid impuesto por Israel, no sólo para la población de Gaza, sino que lo aplica también en todos los territorios ocupados. Simultáneamente, Israel había incrementado el desplazamiento de cientos de miles de colonos judíos en todo el territorio palestino.
Los meses previos a los sucesos del pasado 7 de octubre de 2023 hay que entenderlos, independientemente las posturas que asumamos ante los hechos consumados, tomando en consideración las anteriores condiciones. A ellas se suma el hecho de que el gobierno en el poder en Israel era y es uno de los gobiernos más bélicos y derechistas en las pasadas décadas. Su actual dirigente, el primer ministro Benjamín Netanyahu, acusado en su país de corrupción, pretende desde el poder de su coalición gobernante, suprimir los derechos de otras ramas políticas de gobierno usurpando sus funciones. Netanyahu también le dio la espalda a los reclamos de paz de su propia población desatando su ira contra el pueblo palestino.
Su gobierno no cree en el diálogo, ni en la búsqueda de una solución negociada al conflicto. Su aspiración es terminar de una vez por todas lo que considera el “problema palestino” sencillamente forzando la salida de su población del territorio para así avanzar más a su objetivo final que es crear, con los territorios ocupados desde 1967 y otros por ocupar, el “gran Israel”.
Los sucesos ocurridos a partir del pasado 7 de octubre de 2023 eran previsibles que ocurrieran. Lo que era algo incierto era el momento de su ocurrencia. No se puede ir asesinando, encarcelando, expulsando y persiguiendo palestinos a dos manos, sin que hubiera de parte de éstos una respuesta.
Desde hace dos años Israel ha venido desarrollando en la Franja de Gaza una política sistemática genocida. En ocasión de este segundo aniversario, el número de muertos palestinos ya supera 68 mil víctimas, el 80% civiles, mayormente mujeres (más de 10 mil) y niños (alrededor de 20 mil). A los anteriores números se suman más de 169,583 heridos, incluidos 40,500 niños y 19 mil mujeres, junto con 14,400 desaparecidos, para un total aproximado de 252,000 víctimas, lo que supera el 10% de la población en Gaza antes del 7 de octubre de 2023.
El principal cómplice de Israel en este genocidio es el gobierno de Estados Unidos. Se expresa en la cantidad de armas puestas a disposición de Israel; en el apoyo en tecnologías para el desarrollo de la guerra; el apoyo de sus fuerzas armadas a las operaciones de Israel en la zona del Medio Oriente; el apoyo económico y diplomático, particularmente mediante su poder de veto en las Naciones Unidas, en contra de múltiples resoluciones propuestas ante la Asamblea General y en particular ante el Consejo de Seguridad; y en el diseño de alegados planes de paz, que no hacen otra cosa que pretender legitimar el sueño de Benjamín Netanyahu y su coalición de crear un Israel con fronteras que vayan al este con el Río Jordán y porciones del Reino de Jordania, al oeste con el Mar Mediterráneo, al norte con porciones de Siria y al sur con porciones de Arabia Saudita y Egipto.
Ya al presente Israel ha anexado la ciudad de Jerusalén donde ha establecido su capital, las Alturas de Golán, ocupadas a Siria en la Guerra de 1967, ampliando su ocupación tras la caída del gobierno de Bashar al- Assad; ha ampliado la ocupación de nuevos asentamientos de colonos judíos en Cisjordania; y lleva a cabo la destrucción física de la Franja de Gaza, provocando el desplazamiento de millones de palestinos que allí vivían.
El 29 de septiembre de 2025 el presidente de Estados Unidos presentó un plan de 20 puntos para un acuerdo de paz en Gaza. Previo a ello, el 15 de septiembre de 2025 se dio a conocer una nueva llamada “iniciativa de paz” en el Medio Oriente a raíz de la firma de un Acuerdo de Paz suscrito entre los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin e Israel, firmado en Washington bajo la bendición del presidente Donald Trump. El punto de encuentro común en este tratado de paz por estos tres Estados políticos es la enemistad profesa de dichos países hacia la República Islámica de Irán.
Se indicó entonces que los acuerdos estaban precedidos por la negociación entre las partes donde Israel se comprometería a desistir de la anexión de la región de Cisjordania, también conocida como el Margen Occidental del Río Jordán, que antes de 1967 fuera parte integral del Reino de Jordania.
Isabel Kershner y Asam Rasgon en un artículo publicado el 14 de septiembre de 2020 por The New York Times, indicaron entonces que el acuerdo había sido un “golpe diplomático” por parte de Israel, el cual le ha permitido romper “décadas de unidad árabe en torno a la causa palestina.” El acuerdo, indicaban, “revierte el orden de la Iniciativa de la Liga Árabe que pide el reconocimiento pleno de Israel por parte de todas la naciones árabes e islámicas a cambio de la completa retirada israelí de los territorios ocupados a las fronteras que existían antes de la guerra del Medio Oriente de 1967.” Indicaban los autores que de lo que se trataba este acuerdo de paz, era de un “realineamiento en Oriente Medio de los ejes pro y anti-iraníes.”
El señalamiento hecho a los efectos de que tras el acuerdo de paz Israel abandonaría su intención de anexar a Cisjordania fue desmentido por el propio Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu cuando indicó que ese desistimiento “es por ahora”.
El Plan de Trump de 29 de septiembre de 2025 plantea lo siguiente:
(a) La desradicalización de Gaza, libre de terrorismo sin ser amenaza para sus vecinos.
(b) La reurbanización de la Franja en interés de la población.
(c) La terminación de la guerra, donde las Fuerzas de Defensa de Israel se retirarían hasta la línea acordada para la liberación de los rehenes; la suspensión de todas la operaciones militares, permaneciendo congeladas las líneas del frente hasta que se den condiciones para la retirada completa por etapas.
(d) Dentro de 72 horas de aceptación del acuerdo ha de darse la liberación de rehenes, vivos o muertos.
(e) Liberados los rehenes, Israel liberará 250 presos condenados a cadena perpetua y 1,700 gazadíes detenidos desde el 7 de octubre de 2023, incluyendo mujeres. Por cada rehén fallecido, Israel devolverá 15 gazadíes fallecidos.
(f) Liberados todos los rehenes, los integrantes de Hamás que entreguen las armas se beneficiarán de amnistía. Aquellos que quieran abandonar Gaza se del ofrecerá paso seguro.
(g) Tan pronto de llegue a un acuerdo, se permitirá ayuda completa a la Franja de Gaza, según previstas en Acuerdo de 19 de enero de 2025: ayuda humanitaria, rehabilitación de infraestructuras , hospitales, panadería y entrada de equipo necesario para retirar escombros y abrir carreteras.
(h) Entrega de ayuda a través de ONU, Media Luna Roja y otras instituciones internacionales. Apertura del Paso de Rafah.
(i) Gobernanza transitoria por un Comité Palestino tecnocrático y apolítico que garantice funcionamiento diario se servicios públicos bajo la supervisión de un Consejo de Paz, dirigido y presidido por Donald Trump con otros miembros y Jefes de Estado, entre ellos, Tony Blair.
(j) Plan de Desarrollo Económico de Donald Trump, propuestas de inversión económica de grupos internacionales.
(k) Creación de una Zona Económica Especial con aranceles y tasas de acceso preferenciales.
(l) Nadie será animado a abandonar Gaza
(m) Hamás y demás facciones aceptan no desempeñar ningún papel, directo o indirecto, en la gobernanza de Gaza. Todas las infraestructuras militares, terrorista y ofensivas, serán destruidas y no se reconstruirán. Desmilitarización de Gaza bajo supervisión internacional.
(n) Socios regionales serán los garantes de cumplimiento de los acuerdos donde la nueva Gaza no sea peligro para sus vecinos y población.
(o) Estados Unidos y sus socios árabes e internacionales establecerán una Fuerza Internacional de Estabilización (FIS) temporal. Apoyo a fuerzas policiales autorizadas, en consulta con Egipto y Jordania. FIS colaborará con Israel y Egipto para la seguridad de las fronteras.
(p) Israel no ocupará ni anexionará Gaza. Las FDI cederán progresivamente el territorio a la FIS.
(q) Si Hamás retrasa o rechaza la propuesta, las medidas se aplicarán en las zonas libres de terrorismo transferidas por la FDI a FIS.
(r) Diálogo interconfesional para cambiar la mentalidad y el discurso entre palestinos e israelíes.
(s) En le medida que Gaza vuelva a desarrollarse y progrese, incluyendo la aplicación del programa de reformas de la Autoridad Palestina podrían reunirse condiciones para abrir una vía creíble hacia la autodeterminación y creación de un Estado palestino.
(t) Estados Unidos establecerá diálogo con Israel y palestinos para “acordar un horizonte político para una coexistencia pacífica y próspera.”
La prensa internacional informa el 7 de octubre que Hamás ha accedido a entregar sus armas a un Comité Egipcio-Palestino, rechazando de paso la intervención internacional de transición en la Franja de Gaza y ministro británico Tony Blair como gobernador de su territorio. En las negociaciones que se llevan a cabo en un complejo turístico en el Mar Rojo, Egipto. Hamás acepta un alto al fuego permanente e integral sujeto a la retirada de las FDI de todo el enclave y la entrada sin restricciones de ayuda humanitaria. Reclama, además, garantías para el regreso de los desplazados, un acuerdo justo de intercambio de prisioneros y el inicio inmediato de un proceso de reconstrucción bajo la supervisión de un organismo internacional palestino de tecnócratas independiente.
Existe gran expectativa en que las presentes negociaciones conduzcan a una acuerdo. Sin embargo, para conseguir el objetivo es necesario algo más que expectativas, es necesario voluntad. Ya veremos que sobra y qué hace falta.
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