Sábado, Marzo 07, 2026

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10 razones no a la guerra


CONFLICTO EN ORIENTE
Diez razones para el "No a la guerra"

¿Puede permitirse la economía —y la moral— europea la guerra impulsada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu en Irán? El exdiputado y analista político Antón Gómez-Reino advierte que los 'shocks' energéticos operan inmediatamente como impuestos regresivos. para las familias. En este decálogo por el "No a la guerra", resume razones económicas, políticas y de derecho para defender la postura que ha tomado España e invitar a Europa a que se una a ella.
ANTÓN GÓMEZ-REINO

En estas horas difíciles y, para sorpresa de muchos, en Europa y en el mundo, España se está convirtiendo en uno de los principales faros frente a la destrucción, el atraso, la barbarie y la sinrazón de la guerra en Oriente Medio, desencadenada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu sin otro criterio que el del fanatismo o la defensa de sus intereses electorales y económicos particulares (ni siquiera los del conjunto de las sociedades a las que dicen representar).


En un contexto de escalada vertiginosa, con ciudadanía, actores económicos y gobiernos conteniendo la respiración ante el riesgo de extensión del conflicto y de sus imprevisibles impactos a escala regional y global, el mensaje emitido por España, en boca de Pedro Sánchez, evoca un faro frente a las tinieblas que representan los (Marco) Rubio, Netanyahu y Trump.
"Son muchas y transversales las razones que deben convertir ese «No» en un posicionamiento generalizado de sociedades y gobiernos"

Y si bien es obvio que concurren todas las razones evidentes —humanitarias, de respeto al derecho internacional y al mundo basado en reglas— para enarbolar un "No a la guerra", son muchas más, y mucho más transversales, las razones que deben convertir ese "No" en un posicionamiento generalizado de sociedades y gobiernos —sean del signo ideológico que sean— para detener la deliberada escalada de Trump y Netanyahu. Ya que esta constituye un paso más, y puede que definitivo, hacia la implosión de un orden global basado en normas y la imposición de otro sustentado en la coerción y la fuerza como únicas reglas en las relaciones internacionales.
Muchas son las razones para el "No a la guerra". Enuncio aquí diez para contribuir a frenar la escalada de bombas y amenazas que ponen en riesgo la vida humana, el comercio, las relaciones internacionales y la paz.

La razón jurídica
Aunque algunos quieran enterrar la razón jurídica tras la guerra en Ucrania o el genocidio en Gaza, el uso de la fuerza en el sistema internacional contemporáneo está regulado por la Carta de las Naciones Unidas y por el principio de prohibición de la agresión, salvo en caso de legítima defensa o mandato expreso del Consejo de Seguridad. El artículo 2.4 de la Carta consagra la prohibición del uso de la fuerza como norma imperativa de ius cogens, principio reafirmado por la Corte Internacional de Justicia en el caso Nicaragua contra Estados Unidos (1986).
Cuando se normaliza la acción militar preventiva o unilateral, se erosiona el principio de seguridad jurídica internacional que protege, especialmente, a Estados medianos y pequeños.
"Para países como España, la defensa del derecho internacional es, además de un imperativo moral, un posicionamiento estratégico"

La relativización selectiva del derecho internacional no debilita solo a un adversario concreto; debilita el marco que estructura el comercio, la diplomacia, el derecho internacional humanitario y la estabilidad global. Para países como España, cuya capacidad de influencia descansa más en la legitimidad normativa propia del multilateralismo que en la proyección militar, la defensa del derecho internacional es, además de un imperativo moral, un posicionamiento estratégico.

La razón económica
Por dar una cifra de ejemplo, se estima que la guerra de Ucrania supuso una reducción directa de alrededor del 1,4% del PIB español como consecuencia de los shocks de oferta y los costes asociados al conflicto. En el marco global, Irán representa entre el 3% y el 4% de la producción mundial de petróleo, pero el estrecho de Ormuz canaliza en torno al 20% del comercio global de crudo. En una economía mundial todavía —tristemente— atravesada por los combustibles fósiles, cualquier perturbación en esa ruta introduce una prima de riesgo inmediata en los mercados y en las economías reales. La evidencia indica que un incremento sostenido de 10 dólares en el barril puede añadir varias décimas a la inflación. La Unión Europea importa más del 90% del crudo que consume. Incluso España, que afortunadamente ha diversificado sus proveedores y ha apostado por las renovables, se ve y verá afectada por el vórtice del aumento de precios de la energía a nivel global. Si no se detiene, la guerra en Oriente Medio se traducirá, de forma casi automática, en inflación importada, deterioro de la balanza comercial y menor crecimiento potencial.
En este sentido, la historia muestra efectos concretos: la crisis petrolera de 1973 cuadruplicó el precio del barril y llevó a España a tasas de inflación superiores al 20% a finales de la década. La guerra del Golfo en 1990 provocó un aumento del precio del crudo del 130% en meses, afectando a la balanza comercial y al empleo. La experiencia demuestra que los conflictos energéticos globales tienen impacto directo sobre la economía doméstica y la estabilidad social.

La razón social
Los shocks energéticos operan inmediatamente como impuestos regresivos. Los hogares de menor renta destinan una proporción significativamente mayor de su presupuesto a energía y alimentación. Las crisis petroleras de 1973, 1979, 1990, 2008 y, más recientemente, la escalada de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, mostraron un patrón recurrente: aumento de precios, pérdida de poder adquisitivo real y ampliación de desigualdades.
"Una nueva escalada prolongada consolidaría dinámicas de empobrecimiento relativo y tensión social. Decir «No a la guerra» es, también, una política de protección de las familias y las personas"

En octubre de 2022, la inflación en la eurozona alcanzó el 10,6% interanual, con la energía explicando más del 40% del repunte. Una nueva escalada prolongada consolidaría dinámicas de empobrecimiento relativo y tensión social. Decir "No a la guerra" es, también, una política de protección de las familias y las personas.

La razón empresarial y productiva
El tejido económico europeo está compuesto en más de un 99% por pequeñas y medianas empresas. En sectores como el transporte por carretera, el combustible puede representar hasta el 35% de los costes operativos; en la industria química y en determinadas manufacturas, la energía alcanza entre el 30% y el 40% de los costes variables. Un encarecimiento sostenido del crudo erosiona el mercado y se traslada a precios finales, reduciendo competitividad.
Además, la inflación importada puede llevar a los bancos centrales a la tentación de mantener políticas monetarias restrictivas, encareciendo la financiación. El resultado agregado es menor inversión, menor creación de empleo y debilitamiento de tejidos productivos. La guerra no solo destruye infraestructuras en el terreno; deteriora tejidos económicos incluso en los países lejanos del conflicto.

La razón geopolítica global
La erosión selectiva del derecho internacional tiene consecuencias sistémicas. En amplias regiones del sur global, la percepción de doble rasero en la aplicación de normas internacionales hace insostenible una relación positiva con Occidente y acelera la fragmentación del sistema internacional. En un contexto en el que el comercio global representa más del 50% del PIB mundial, la transición hacia un orden fragmentado en bloques rivales implica menor eficiencia, mayores costes transaccionales y reducción del crecimiento agregado.
"No debemos permitir que la guerra comercial de Trump contra China acabe por fragmentar todavía más el globo"

A nadie se le escapa el objeto declarado de erosionar a China, enormemente dependiente del crudo y el gas del Golfo, en este ataque a Irán. El estrecho de Ormuz es uno de los principales cuellos de botella energéticos del sistema internacional; su alteración afecta no solo al Golfo, sino al eje euroasiático descrito por la tradición geopolítica clásica como núcleo del equilibrio global según Mackinder. Está claro que no debemos permitir que la guerra comercial de Trump contra China acabe por fragmentar todavía más el globo, dejando en el camino de paso un desierto en todo el eje central de la plataforma euroasiática que es clave para la relación entre Europa y Asia (teniendo en cuenta que el flujo comercial entre Europa y Asia constituye una de las principales arterias de la economía mundial, representando más del 40% del comercio mundial de bienes y servicios). La guerra contra Irán no es solo un conflicto regional; es un catalizador de la desarticulación del orden multilateral que debemos evitar.

La razón regional: Oriente Medio
Oriente Medio es una región donde viven 620 millones de personas bajo enormes desigualdades motivadas, en gran medida, por las fronteras dibujadas en los contextos poscoloniales y las desigualdades en el acceso y explotación de sus ingentes recursos. Es además una de las regiones con mayor densidad de conflictos armados y mayor gasto militar relativo del mundo.
Una escalada ampliada podría desestabilizar (aún más) Líbano, Siria, Irak o el conjunto del Golfo, con efectos sobre las poblaciones, las rutas comerciales estratégicas y la generación de flujos migratorios forzados. También pesan la voluntad de EE. UU. de retomar un papel preponderante en la región, o el papel que las potencias regionales —Turquía, Arabia Saudí, Egipto, Catar— quieren jugar en el futuro de la región. Asimismo, está presente la voluntad de Israel de construir el Gran Israel como actor dominante regional. Pero la escalada del conflicto abre un escenario descaradamente incierto para una región clave en el mantenimiento del orden internacional.

La razón europea
La Unión Europea dice aspirar a una autonomía estratégica que combine seguridad, estabilidad energética, democracia y prosperidad. Sin embargo, esa aspiración se ve comprometida si la política exterior europea se subordina de facto a decisiones adoptadas fuera del continente.
"La foto del canciller alemán, Friedrich Merz, asintiendo en el despacho oval ante las amenazas a España, es el último episodio de la pérdida de legitimidad de actores europeos antes determinantes"

Defender una posición de desescalada y primacía del derecho internacional no debería ser un gesto retórico, sino un intento de preservar margen estratégico propio. La foto del canciller alemán, Friedrich Merz, asintiendo en el despacho oval ante las amenazas a España, es el último episodio de la pérdida de legitimidad de actores europeos antes determinantes. Si Europa renuncia a una mínima coherencia, a una posición propia de acuerdo con sus intereses económicos y al derecho internacional, la subalternidad al proyecto estadounidense será definitiva. En este contexto, la autonomía estratégica abierta de la UE se juega tanto en seguridad como en comercio y en relaciones energéticas con el sur global. Cabe recordar que más del 55% de la energía primaria de la UE depende de importaciones externas y que su comercio con China supera los 2.000 millones de euros diarios.

La razón democrática
Las guerras prolongadas tienden a fortalecer dinámicas de excepcionalidad: aumento del gasto en defensa, expansión de marcos de seguridad, restricción de derechos y polarización política. Históricamente, los ciclos de inflación y deterioro económico derivados de shocks energéticos han alimentado movimientos iliberales y discursos autoritarios.
La literatura económica reciente ha documentado la correlación entre shocks energéticos, aumento de inflación y crecimiento del voto iliberal en democracias avanzadas. La combinación de inflación, crecimiento débil y percepción de inseguridad es terreno fértil para la erosión democrática. Defender la paz es también una política de estabilidad democrática y de valores de paz y humanidad.

La razón climática
El gasto militar global superó en 2023 los 2,2 billones de dólares, mientras la financiación climática internacional sigue por debajo de los compromisos necesarios para cumplir los objetivos del Acuerdo de París. Cada escalada bélica reorienta recursos públicos hacia defensa y reconstrucción en detrimento de inversión en transición energética y adaptación climática.
Además, los conflictos armados generan emisiones directas e indirectas significativas y retrasan procesos de descarbonización. En un contexto de emergencia climática, apostar por la guerra implica posponer la respuesta a la principal amenaza estructural del siglo XXI.

La razón del interés general
En conflictos energéticos globalizados no existen ganadores sistémicos claros. Puede haber beneficios tácticos para determinados exportadores de hidrocarburos o para industrias vinculadas a la defensa, pero el resultado agregado suele ser volatilidad, fragmentación y menor crecimiento global. Las crisis petroleras históricas no generaron prosperidad sostenible; generaron redistribuciones abruptas de renta y ciclos de inestabilidad. En un mundo interdependiente, la guerra en una región estratégica se convierte en una variable macroeconómica global.
Y finalmente, más importante que todas las anteriores: la razón humana. Nada puede justificar la represión y los asesinatos del Gobierno iraní. Pero nada puede justificar que la respuesta sea las 160 niñas que han fallecido en su escuela pulverizadas bajo las bombas de un ataque deliberado del ejército israelí.
"En este momento de deriva autoritaria y tentaciones unilaterales, decir «No» es, paradójicamente, el acto más constructivo y responsable"

Decir "No a la guerra" hoy es defender la paz. Es defender que el pueblo iraní pueda decidir su futuro sin injerencias externas ni imposiciones bélicas, más allá de cualquier forma de tiranía, y desde el principio de libre determinación. "No a la guerra" es defender el poder adquisitivo de las familias, la estabilidad de las empresas, la autonomía estratégica europea, la vigencia del derecho internacional y la preservación de un sistema internacional basado en reglas. Es rechazar que la ley del más fuerte sustituya al entramado normativo que, con todas sus imperfecciones, ha permitido décadas de expansión económica y reducción relativa de la pobreza global.
Frente a la lógica de la fuerza, la política debe reivindicar la lógica del interés general. Porque cuando la guerra se normaliza, se normaliza también la inflación, la incertidumbre, la barbarie y la subordinación de la ley a la voluntad del más poderoso. En este momento de deriva autoritaria y tentaciones unilaterales, decir "No" es, paradójicamente, el acto más constructivo y responsable.
Además de España, Brasil, Chile o Colombia, India o China han exhortado al diálogo, al cese de hostilidades y al respeto del derecho internacional.
Sea como fuere, es una buena noticia que la representación democrática de la sociedad española encarne lo que millones piensan. Porque lo relevante no debería ser quién emite el mensaje, sino el mensaje en sí mismo. Y ojalá el gesto valiente del Gobierno español frente a la guerra y ante las amenazas de Trump contribuya a que el "No a la guerra" se consolide como una razón transversal y una posición global.

 


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