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La guerra entre la Federación de Rusia y Ucrania; ¿Una guerra olvidada?

 

 

 

1 de abril de 2026

A raíz de la segunda guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán en menos de 12 meses, en el país han desaparecido casi totalmente las noticias en torno al desarrollo de la guerra librada por la Federación de Rusia y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en suelo ucraniano. Tampoco se habla de las continuas gestiones por parte del presidente ucraniano, Vladimir Zelensky, urgiendo de parte de Europa una mayor participación en el conflicto bélico, ni de las posturas del gobierno de Estados Unidos con quien fue, en su origen, su protegido en Ucrania.

En apenas poco más de un mes, la atención de los medios noticiosos de lo que hablan es de los tres ultimátum que hasta ahora ha dado el presidente Trump a Irán, previo a desatar sobre el país persa la ola de destrucción de sus instalaciones productoras del refinado de su petróleo, sus instalaciones para la extracción de gas natural, sus redes de energía eléctrica y otras facilidades de infraestructura crítica para el país.


Han sido varias, además, las instancias en que el presidente de Estados Unidos se ha vanagloriado del papel de su país en el conflicto, indicando que ha terminado la guerra. Así ocurrió años atrás en el marco de la intervención de Estados Unidos en Iraq cuando, a bordo de un portaviones, George W. Bush anunció el fin de la guerra en Iraq, ello a pesar de su continuación por años siguientes.

A la par de sus alocuciones y amenazas en la conducción de la guerra, Irán sigue desafiando el poderío estadounidense en la región. En forma sistemática, el país persa ha impactado con sus capacidades misilísticas instalaciones militares estadounidenses en la región y ha destruido importantes elementos de infraestructura de países árabes aliados de Estados Unidos, como son Iraq, Omán, Arabia Saudita, Bahréin, Catar, los Emiratos Árabes Unidos, y ciertamente sobre su principal aliado, el Estado de Israel.

Bajo la amenaza de una invasión terrestre, Estados Unidos ha desplazado a la región más de 30 mil efectivos militares, que incluyen personal de la 82 División Aerotransportada y personal de unidades anfibias de la Infantería de Marina. De acuerdo con analistas, esta cantidad de efectivos desplazados a la región para unirse a los ya existentes, es insuficiente frente a cerca de un millón de efectivos de la Guardia Revolucionaria Islámica y reservistas, así como de otras ramas militares de Irán. Es de esperar que la situación en el Golfo Pérsico y ahora más con la entrada de los huitíes en la guerra contra Israel y Estados Unidos, sus operaciones militares en los accesos al Mar Mediterráneo, sean los temas que sigan acaparando la atención pública. A esta situación debe sumarse el desarrollo de las operaciones terrestres de Israel contra Hezbolá en su frontera norte con Líbano.

En medio de lo antes descrito, aparece un interesantísimo escrito publicado por RTVE el 22 de febrero de 2026, precisamente seis días antes del inicio de las más recientes operaciones militares de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán, titulado Ucrania: mapas y cifras de una guerra estancada, elaborado por José A. Carpio y Jaime Gutiérrez, cuyo contenido deseamos compartir con nuestros lectores y oyentes.

Indican los autores que desde el 28 de febrero de 2022, fecha en que dio inicio la “operación militar especial” por parte de la Federación de Rusia en suelo ucraniano, se desató la operación militar de mayor magnitud desde la Segunda Guerra Mundial en suelo europeo creando un frente de batalla que se extiende por más de mil kilómetros de distancia. Señalan que en los primeros días de la intervención militar, Rusia logró ocupar 157 mil kilómetros cuadrados de territorio ucraniano, lo que equivalió a un 20% del territorio nacional que ocupaba Ucrania.

Señalan también los autores que la resistencia demostrada por Ucrania en las primeras seis semanas del conflicto forzaron la retirada rusa de una parte de los territorios ocupados, mayormente en los óblast de Kiev y Jitomir, lo que llevó a Rusia a modificar sus objetivos de campaña.

Carpio y Gutiérrez Indican que en el verano de 2022 Ucrania lanzó una contraofensiva en Jarkov, territorio inicialmente capturado por Rusia, donde las fuerzas ucranianas recapturaron 12 mil kilómetros cuadrados de su territorio, atacando también en la porción sur de su territorio, lo que provocó la retirada rusa de una parte de Jerson.

En la primavera de 2023, específicamente en el mes de junio, Ucrania lanzó otra importante contraofensiva procurando infructuosamente romper las defensas rusas y procurando acceso al Mar de Azov. Se trata de una región de importancia para Ucrania por el acceso que brinda a Crimea, región anexada previamente por la Federación de Rusia, donde se encuentra la sede de su Flota del Mar Negro. La férrea línea defensiva de Rusia y los costos para Ucrania de dicha ofensiva fueron pequeños en comparación con los logros alcanzados.

El agosto de 2024 Ucrania llevó a cabo la incursión en territorio de la Federación de Rusia en la región de Kursk ocupando 1,320 kilómetros cuadrados. Kursk tiene un papel simbólico en la historia de la Federación de Rusia. Fue allí durante la Segunda Guerra Mundial el momento en que la entonces Unión Soviética, a través del Ejército Rojo, participaron de la mayor batalla de tanques librada en la historia, destruyendo la maquinaria de guerra blindada de Alemania y abriendo camino a la recuperación de los territorios ocupados por los nazis en Europa Oriental alcanzando así el camino expedito a la ocupación de Berlín por las tropas soviéticas.

La ofensiva ucraniana en Kursk representó un gran fracaso. De hecho, en la recuperación de los territorios, la Federación de Rusia contó con el apoyo de miles de tropas enviadas por la República Popular Democrática de Corea para reforzar el frente de guerra. Contrario a lo que anticipaba Ucrania, a los efectos de que Rusia desplazaría parte de sus tropas en la región de Jarkov y Donetsk hacia Kursk, esto no ocurrió. Mientras Ucrania comprometía sus tropas en Kursk, de donde finalmente fueron desplazadas el 26 de abril de 2025, el Ministerio de Rusia anunció en esa fecha la liberación total de Kursk y el repliegue ucraniano. En la región de Zaporiyia localizada más al sur, tropas rusas también lograron algunos avances territoriales.

De acuerdo con los autores, en 2025 las tropas rusas, aunque a un alto costo de bajas, lograron ocupar 4,481 kilómetros cuadrados adicionales del territorio ucraniano. Estas bajas fueron estimadas por el Estudio de la Guerra (ISW por sus siglas en inglés) en 416,000 efectivos.

Indican los autores que al presente, Rusia mantiene la ofensiva en el campo de batalla ampliando su control en la región de Donetsk en un 70% de su territorio. Allí Ucrania ha logrado un cordón defensivo importante que impide la conquista y ocupación total rusa del Dombás Occidental. En lo referente a las facilidades portuarias ucranianas en el Mar Negro, a este país tan solo le queda el control del puerto de Odesa.

En lo que son las operaciones en el mar, sin embargo, los autores nos presentan otra perspectiva del desarrollo de la guerra en el cual señalan ventajas ucranianas en lo que definen como “guerra asimétrica”. Destacan no solo el hundimiento por parte de Ucrania a Rusia del buque insignia de la Flota del Mar Negro, el Moskva, sino la destrucción de “numerosos buques; los ataques continuos al puente de Kerch (el cual conecta con la península de Crimea); y los ataques con drones subacuáticos contra un submarino ruso en diciembre de 2025. En el plano aéreo, destacan la incorporación a las fuerzas ucranianas de cazas F-16 provistos por occidente; campañas masivas de saturación con drones y misiles; y la destrucción en tierra de parte de la aviación estratégica rusa en junio de 2025 como parte de la “Operación Telaraña”.

La competencia en la utilización de drones en esta guerra es algo realmente nuevo. En 2025 la Federación de Rusia lanzó contra Ucrania 54 mil drones y 1,900 misiles. Según indican los autores, con esta proceder Rusia ha pretendido “degradar la infraestructura, la industria y la moral de la población”. Señalan que Rusia ha dirigido el uso de esta tecnología con el fin de “atacar de forma sistemática subestaciones y otros componentes clave con el fin de dificultar su reparación y prolongar los cortes de energía que reducen la disponibilidad de luz y calefacción en ciudades como Kiev a menos de cuatro horas al día”. Rusia ha recibido apoyo material y tecnológico de parte de la República Islámica de Irán en cuanto a drones producidos a bajo costo, permitiéndole la fabricación diaria de entre 300-350 drones, mientras que Ucrania sólo ha desarrollado la capacidad de producción de 100 drones por día.

Dada su población, Rusia, a diferencia de Ucrania, ha tenido mayores condiciones para la sustitución de personal de combate en tierra. Ucrania contaba al inicio de la guerra con apenas 44 millones de habitantes. En el caso de la Federación de Rusia, su población se estimaba para 2026 entre 143-146 millones. Mientras el Estado Mayor de Ucrania cifra las bajas rusas al 18 de febrero de 2026 en 1,256,080 efectivos (muertos y heridos); de su parte Ucrania reconoce 46 mil muertos y 380 mil heridos. Otros cálculos, sin embargo, estiman las bajas ucranianas entre 500-600 mil efectivos.

Al costo en vidas en personal militar y daños humanos, debe sumarse el impacto en bajas civiles. De acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos, el número de muertos y civiles ucranianos alcanza la suma de 56 mil personas. Un 39% de las muertes han sido causadas por drones.

En cuanto a refugiados, de acuerdo con ACNUR (Agencia de las Naciones Unidas para Refugiados) se estima en 5.9 millones el número de ucranianos refugiados, de los cuales 5.3 millones se encuentran en Europa. A los anteriores se suman 3.7 millones de ucranianos desplazados internos, la mayoría de los cuales son mujeres (59%), menores (24%) y mayores de 60 años (28%). Se indica que siete de cada diez llevan más de dos años en esta condición de desplazados internos. Se indica que al final de conflicto, al menos 1.4 millones de ucranianos permanecerían desplazados indefinidamente.

En una noticia separada publicada por Andrés Korybco de 30 de marzo de 2026 se indica el ataque por parte de Ucrania a la refinería de petróleo Slavneft-YANOS en la región rusa de Yaroslavl, una de las cinco plantas del país con capacidad para refinar 15 millones de toneladas de petróleo al año. Indica que fue atacada mediante drones el día 28 de marzo. Esta acción fue precedida por otro ataque ucraniano a la refinería y al puerto de Ust-Luga la semana anterior. De acuerdo con la agencia Reuters el 40% de la producción rusa para exportación se habría afectado.

El impacto de esta reducción en las capacidades rusas para exportar petróleo incide y profundiza la actual situación creada con las operaciones estadounidenses-israelíes contra Irán y la respuesta de dicho país al paso de cargueros de petróleo a través del Estrecho de Ormuz para atender el comercio de petróleo con otros países. Por el Estrecho de Ormuz transita, según el “US Energy Information Administration”, el 25% del petróleo mundial con destino a: Estados Unidos(2.5%); Europa (3.8%), Japón (10.9%); Corea del Sur (12%); otros países de Asia (13.9%); India (14.7%); China (37.7%; y otros países (4.5%).

Esta situación ha llevado al Secretario del Tesoro de Estados Unidos a suspender temporalmente las sanciones por la compra de petróleo ruso. Estas acciones militares por parte de Ucrania reducen aún más la disponibilidad de petróleo en el mundo y conllevará un incremento adicional en el costo de sus derivados.

Todo parecería indicar que las acciones de Ucrania no han tenido el visto bueno por parte de la Administración Trump y muy posiblemente, el tema de la guerra en Ucrania vuelva a estar de moda en los medios de comunicación. Posiblemente Estados Unidos deba enfrentar también un escenario donde los intereses de Israel en la guerra sean distintos a los de Estados Unidos. Mientras Estados Unidos va por el control del petróleo en la región y la manera en que dicho control operaría en contra de su principal comprador, la República Popular China; en el caso de Israel, su propósito es el derrocamiento del gobierno iraní, la destrucción de sus capacidades nucleares y la prevención en que dicho país logre desarrollar armas nucleares.

Habrá que esperar aún más por el desarrollo de esta guerra para llegar a conclusiones sobre el futuro de la región y sus efectos en la estabilidad global de relaciones internacionales.

 


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