2 de julio de 2026
Casa Aboy
Un cordial saludo a todas las personas presentes aquí en Casa Aboy. Agradezco la invitación que nos ha hecho el Dr. Juan (Tito) Meléndez Alicea para presentar su más reciente trabajo literario, 1776 y Puerto Rico.
La primera información que tuve de “Carlisle Indian Industrial School” fue en el proceso de escribir un extenso ensayo titulado Defendiendo una Revolución sobre la Revolución Cubana . Fue escrito en 1992 y publicado por la Revista Pensamiento Crítico, Año XVI, Núm. 73, (enero-marzo 1993). Entonces dije:
“En una mesa redonda de discusión llevada a cabo el 16 de enero de 1992 por el Instituto de Estudios Estratégicos del U. S. Army War College en Carlisle Barraks en Pennsylvania, se discutió el futuro de Cuba. En dicha discusión participaban miembros de las comunidades de defensa, política exterior, inteligencia y académicos. Entre las conclusiones a las que llegaron figuraban las siguientes: (a) El gobierno revolucionario sobrevivirá a corto plazo y en los años que se avecinan. Las condiciones adversas no son suficientes para producir una situación revolucionaria, por lo que un levantamiento popular es remoto. (b) De surgir alguna amenaza seria, la misma llevaría a una sangrienta guerra civil, dado el apoyo que tiene la revolución entre el pueblo, donde además, el 60% de la población es negra o mulata, los cuales no estarían dispuestos a tolerar el regreso al poder del exilio de Miami fundamentalmente blanco; (c) La política que ha mantenido el gobierno de EE UU en contra de Cuba le es contraproducente en tanto en cuanto, permite la movilización del pueblo en contra de la amenaza yanki. Bajo esta óptica optan por la eliminación del bloqueo económico y el restablecimiento de relaciones con el gobierno cubano, el cierre de Radio y TV Martí, el cese de maniobras militares de parte de EE UU y el reinicio de ayuda humanitaria a Cuba.”
Una mirada al presente parecería decirnos que no ha cambiado mucho la actitud del gobierno estadounidense hacia la Revolución Cubana y que aquellas recomendaciones de 1992 siguen cayendo en oídos sordos, particularmente hoy ante el presidente de Estados Unidos Donald Trump, Marco Rubio y quienes responden al llamado MAGA.
Desde entonces, sin embargo, en lo que toca al tema que nos convoca en el día de hoy aquí en Casa Aboy, la distancia de los 34 años transcurridos desde aquel ensayo se torna cercana. Cuba sigue heroicamente resistiendo; Estados Unidos por su parte, agresivamente atacando.
No tienen idea de cuál sería la sorpresa al llegar a mis manos en ocasión de la presentación de un libro sobre los 24 años de agresiones de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela, un ejemplar del libro recientemente publicado por mi amigo y compañero de muchas experiencias compartidas, Juan (Tito) Meléndez Alicea. Cuando les digo “experiencias compartidas”, ciertamente éstas han ido mucho más allá de aspectos meramente educativos o literarios.
Si mi memoria no me falla, creo que Tito y yo nos conocemos desde finales de la década de 1970 o comienzos de la década de 1980 en el Instituto Laboral de Educación Sindical (ILES). Para entonces él era organizador de la Federación de Maestros y una de sus rutas de trabajo le conectaban, aunque yo vivía en Bayamón, con mi querido pueblo de Vega Baja. Participábamos de un grupo de trabajo y estudio que se reunía en Bayamón del cual formaba también parte mi Hermano Erasto Zayas Núñez.
Todavía para mi es inolvidable su invitación para que yo ofreciera una charla en Vega Alta sobre las políticas económicas de la administración de Ronald Reagan, mejor conocidas como “reaganomics”. Para ello, junto a Erasto, dedicamos muchas horas a la preparación de la ponencia. En ella se hacía especial énfasis en el impacto de dichas políticas en el contexto de nuestra realidad capitalista colonial Puerto Rico, la lucha por la independencia y la opción del socialismo. Cual no sería nuestra sorpresa cuando en primera fila, entre los asistentes a la charla y los primeros en llegar, tomando notas como lo haría cualquier estudiante de escuela superior, se encontraban uniformados un sargento de la Policía y dos subalternos.
Se podrán imaginar ustedes cómo, sobre la marcha, a mi ponencia tuve que ir haciéndole ajustes de contenido, consciente del derrotero que aquellas notas tendrían eventualmente en alguna división de la Policía.
Nada, a Tito por no dejar de hacer cosas distintas, se le había ocurrido la idea de que sería positivo y educativo invitar a los integrantes de la Policía de Puerto Rico en el municipio de Vega Alta a este tipo de charla.
Volviendo al tema que nos convoca, años más tarde, leí una noticia relacionada con los internados a los cuales se sometían a niños/as provenientes de poblaciones originarias, en lo que se denominaban “escuelas residenciales aborígenes en Canadá”. Estas escuelas, desde mediados del Siglo XIX, fueron financiadas por el Departamento de Asuntos Indígenas del gobierno canadiense y administrados por iglesias cristianas. La noticia abordaba cómo, mediante el aislamiento de estos niños/as, el gobierno de Canadá les internó en escuelas dirigidas a su asimilación cultural y religiosa con el deliberado propósito de despojarles de sus identidades nacionales.
Se indica por algunas fuentes que a la altura de 1930, un 30% de los niños indígenas canadienses asistían a este tipo de escuelas. Éstos fueron separados de sus familias, muchos de los cuales fueron objeto de abusos sexuales y físicos. Se estima entre 4 y 6 mil el número de niños/as fallecidos/as viviendo bajo condiciones precarias e insalubres en estas escuelas.
Una “Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá”, establecida en 2008, concluyó en 2015 que lo ocurrido con estos niños/as había sido un “genocidio cultural”. El Papa Francisco así también lo catalogó durante su visita a Canadá en 2022. Ese año la Cámara de los Comunes de Canadá acogió tal denuncia. Al presente Canadá tiene un memorial en recordación de estos niños/as.
En el caso de Estados Unidos, luego del fin de las llamadas “guerras Indígenas”, se estableció en Pennsylvania la “Carlisle Indian Industrial School”. A partir de 1879 este centro vino a jugar el mismo papel que jugaban las escuelas establecidas en Canadá, procurando la asimilación lingüística y cultural de los niños/as indígenas.
La escuela fue fundada por el capitán Richard Henry Pratt, quien había peleado en las guerras de Estados Unidos contra las naciones indígenas, incluyendo Comanches, Cheyenne, Arapaho, y Kiowa.
El Servicio Nacional de Parques de Estados Unidos, en su página electrónica, bajo el título The Carlisle Industrial School: Assimilation with Education after the Indian Wars (Teaching with Historic Places), señala que niños/as provenientes de más de 100 culturas dejaron sus lugares de residencia para ser enviados a Carlisle, una antigua base militar del período colonial, abierta con este nuevo propósito en Pennsylvania. Carlisle era una de 25 escuelas de asimilación establecidas en Estados Unidos. Escuelas similares a Carlisle fueron establecidas en reservaciones indígenas localizadas en Oregón, California, Nevada, Arizona, Montana, Colorado, Nuevo México, Dakota del Sur, Nebraska, Kansas, Oklahoma, Minnesota, Wisconsin y Michigan.
Los primeros alumnos llegaron a Carlisle el 6 de octubre de 1879. Eran provenientes de Dakota del Sur.
Haciendo mi mejor traducción de lo que informa la página electrónica del Servicio Nacional de Parques de Estados Unidos, la entidad operó durante 30 años con la misión, según Richard Henry Pratt, de “matar al indio y salvar al hombre”. La escuela forzaba a los niños/as a hablar sólo en inglés, vestir a la usanza estadounidense y actuar acorde con los valores y la cultura de Estados Unidos. Se estima en 10 mil el número de niños/as indios/as que pasaron por dicha escuela entre 1879 y 1918.
Para el capitán Richard Henry Pratt, el propósito perseguido por Carlisle era la traición del indio a su tribu y su la lealtad a Estados Unidos destruyendo su espíritu; degradando su cultura; demostrándole que eran seres inferiores, para que así aceptaran el rol civilizador del ciudadano y la cultura estadounidense. Los/as estudiantes estaban sujetos/as a un régimen cuasi militar donde la indisciplina era castigada.
Algunos datos que no deben ser pasados por alto es que ya, a la altura de los siglos XVIII y XIX el gobierno de Estados Unidos se planteaba cómo manejar la coexistencia con las poblaciones originarias; cómo lograr que éstas aceptaran culturalmente el modo de vida euro-americano, así como los valores económicos, políticos y espirituales de los conquistadores.
Uno de los mecanismos idóneos para ese proceso de asimilación, como se pretendió hacer también en Puerto Rico desde 1898 hasta la década de 1940, fue la imposición del idioma inglés como idioma de enseñanza en las escuelas públicas. En el caso de las poblaciones originarias en Estados Unidos, el proceso de asimilación incluyó, además, el robo de sus tierras ancestrales, colocándoles en las llamadas “reservaciones” y la destrucción de sus culturas. Todavía en 2010 existían tres de estas escuelas localizadas en reservaciones indígenas de Estados Unidos.
Las fotos de portada y contraportada que nos obsequia el libro 1776 y Puerto Rico, son muestras visuales de ese proceso de asimilación, tanto en el varón como en la mujer, procurando ser semejantes al modo de vestir estadounidense.
El desarrollo del contenido del libro que nos obsequia Tito, sin embargo, introduce al lector en una trama aún más compleja: la destrucción de mitos a partir de los cuales se ha forjado una ideología imperial en Estados Unidos, que hoy, en el Siglo XXI, pretende justificar la dominación colonial sobre países como el nuestro.
Me ha sorprendido positivamente, la capacidad de síntesis histórica que el autor ha logrado plasmar en su libro, desde el Prefacio hasta su conclusión, en poco más o poco menos de 140 páginas. Utilizando mayormente fuentes secundarias, Tito logra eslabonar el proceso de conquista y desalojo violento de los pueblos originarios de Estados Unidos, para más adelante, a partir de finales del Siglo XIX insertar su narrativa en el proceso de invasión y conquista de Puerto Rico.
Con la lectura de este libro, el lector aprenderá o refrescará datos, entre otros, en torno al proceso que precede la guerra de las 13 Colonias contra la dominación inglesa; el saqueo y expoliación de los pueblos originarios; las luchas inter imperialistas e inter religiosas del momento inicial de la colonización; y cómo, al presente, estas visiones religiosas e imperiales están vivas en la sociedad estadounidense; el tema de la esclavitud y la servidumbre; la transición de Estados Unidos de una república independiente a una república imperial; y las relaciones económicas, políticas, militares entre Puerto Rico y Estados Unidos a partir de 1898.
La buena narrativa en un texto es un arma formidable para la educación del lector. Un elemento esencial en una buena narrativa es la sencillez del lenguaje utilizado por quien escribe, para el público que leerá el texto. La escritura de este libro logra secuestrar la atención de quien asume la lectura de sus páginas invitándole a consumir el texto, como diríamos, de un solo tirón. Así me ocurrió con la lectura de este libro.
Quien conoce a Tito y ha tenido la oportunidad de sostener con él una larga conversación, encontrará que la narrativa del libro es como sostener un diálogo con el autor. Incluso en ocasiones, en mi lectura del libro, veía la imagen de Tito, con todas sus gesticulaciones al hablar, con el mismo acento con que le conocí décadas atrás.
Comentaba con mi hermano Erasto Zayas Núñez que sólo un educador podía, en tan pocas páginas, hacer un recuento histórico como el que nos presenta el autor, sin pecar de ausencia de rigor u omisión en los aspectos esenciales del relato. El autor demuestra su capacidad como comunicador de ideas, algo que no abunda en nuestro país.
El libro se inicia con el “Prefacio” escrito por el autor donde nos ubica el contexto en el cual se escribe la obra y señala que la fuente inspiradora de la misma fue el Proyecto 1619, publicado en el año 2019 por la revista The New York Times. El escrito trajo a su memoria la llegada de los primeros africanos esclavizados a las colonias británicas y su legado en la historia de Estados Unidos. La “Introducción” nos remite a lo que será el contenido de los capítulos del libro, comenzando con el Capítulo 1, dedicado a la figura de Frederick Douglas, ex esclavo nacido en 1818, abolicionista, escritor, orador y firme defensor de la Constitución de Estados Unidos, aunque crítico al señalar sus contradicciones en los temas de la libertad y la esclavitud.
El Capítulo 2, “La Doctrina del Descubrimiento”, el autor lo dedica, utilizando como telón de fondo aspectos tratados por Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, a abordar las causas de la esclavitud en Estados Unidos.
En el Capítulo 3 el autor analiza dos colonias originales surgidas en el entonces territorio británico del Siglo XVII, conocidas como Plymouth Rock y Jamestown. Distingue el autor, en el caso de cada una, las particulares visiones de sus fundadores.
En el caso de Plymouth Rock, establecida en 1620 por la “Fundación de los Santos” (Peregrinos) en territorio de lo que hoy es Massachussets, la define confesionalmente formada por colonos fundamentalistas, extremistas y asesinos, señalando su importancia en el desarrollo de la democracia estadounidense. En el caso de la segunda, Jamestown, fundada por “Puritanos”, la caracteriza como un enclave colonial que funcionaba más bien como una empresa capitalista mercantil de hombres blancos y propietarios. La suma de ambas visiones está hoy día muy presente en las estructuras de poder y gobierno de Estados Unidos.
En el Capítulo 4, el autor nos habla de la Rebelión de Nathaniel Bacon de 1676, caracterizándola como una rebelión entre clases sociales. Señala que dicha rebelión “puso de manifiesto las frustraciones de quienes sentían que el gobierno no respondía a sus necesidades.” La misma, duramente reprimida por los británicos, trajo como resultado la separación de las razas, europea-africana-indígena. A partir de ella, un blanco, por pobre que fuera en la escala social, era considerado superior a un indio o un negro.
El Capítulo 5 narra la guerra entre Francia y la Gran Bretaña. Como resultado de la Guerra, la cual concluye con el Tratado de París de 1763, Francia cede a los británicos Canadá y los territorios localizados al este del Río Misisipi; mientras España, aliada de los franceses, cede Florida.
En el Capítulo 6, el autor trata el tema de los negros y los indígenas en las colonias inglesas; el proceso de expansión de la población de origen europeo hacia el oeste a costa del despojo territorial de los pueblos originarios; y la presencia de la institución de la esclavitud de los negros en la sociedad estadounidense. Ya aquí el autor comienza la discusión de las escuelas para la asimilación de niños/as indígenas como las descritas en los casos de Canadá y de Estados Unidos. El autor hace referencia a la “Ley de Reubicación de los Indios de 1830”; y más adelante, la fundación en 1879 de la “Escuela Industrial Indígena Carlisle” en Pennsylvania.
El Capítulo 7 lo dedica a explicar la influencia de la Declaración de Independencia de Estados Unidos de 1776 en otros países; la extracción de clase social de quienes suscribieron tal Declaración; los “Artículos de la Confederación”; y finalmente, el surgimiento de la actual Constitución de Estados Unidos de América.
En el Capítulo 8, por su parte, el autor contextualiza la Doctrina Monroe de 1823; la Guerra Hispanoamericana de 1898; el inicio del proceso de asimilación/anexión forzosa de los/as puertorriqueños/as a Estados Unidos a partir de dicha Invasión, el gobierno militar y luego con las leyes Foraker y Jones. Es importante el espacio de discusión que separa el libro para discutir los llamados Casos Insulares y su relación con la condición colonial-territorial de nuestro país. De ahí el autor nos lleva de la mano en esta relación colonial/territorial, hacia la creación del Estado Libre Asociado en 1952.
El Capítulo 9 nos presenta el proceso de implantación continental por parte de Estados Unidos de su Doctrina sobre el “Destino Manifiesto” con el proceso de aumento paulatino de los territorios contiguos y extra continentales, para llegar a lo que es hoy Estados Unidos de América.
El Capítulo 10 lo dedica el autor a denunciar la Doctrina del “Excepcionalísimo estadounidense”, doctrina que según él tiene su origen en los peregrinos que fundaron Plymouth Rock en el Siglo XVII; y cómo su utilización durante el período conocido como “Guerra Fría” sirvió para justificar y destacar el rol de Estados Unidos en su cruzada contra el comunismo.
En el Capítulo 11 el autor nos habla de las políticas expansionistas y hegemónicas llevadas a cabo por Estados Unidos en sus múltiples intervenciones militares contra los pueblos latinoamericanos; los fundamentos de la Doctrina Monroe en el Siglo XXI; y el panorama económico que se presenta para Puerto Rico en este nuevo siglo.
Vivimos tiempos en que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a través de su escrito titulado Estrategia Nacional de Seguridad de 2025, ha revivido la Doctrina Monroe de 1823 bajo lo que él llama llama “Corolario Trump”. En dicho documento, sin recato alguno, Trump plantea entre otros asuntos, su interés por adquirir Groenlandia; apropiarse nuevamente del Canal de Panamá; militarizar la región del Caribe; agredir militarmente a la República Bolivariana de Venezuela como en efecto hizo; amenazar con invadir Cuba y derrocar su gobierno revolucionario; y promueve indecorosamente gobiernos de corte neoliberales en toda América Latina.
Este libro que hoy presentamos, incluye como elemento educativo, un “Glosario”. En él Tito, en palabras sencillas y fáciles de digerir por cualquier lector no prejuiciado, nos habla del capitalismo como modo de producción y por qué es imposible que un sistema de libre empresa pueda ser totalmente libre; nos describe el imperialismo como una de las etapas superiores del desarrollo del sistema de explotación capitalista y su estrecha relación con el colonialismo; refiere al lector al llamado “nacionalismo cristiano blanco” hoy presente en Estados Unidos, cuyos precursores fueron precisamente los llamados Peregrinos (Santos) y los Puritanos del Siglo XVII.
Como parte del “Glosario” el autor incluye también la descripción del término “democracia” como sistema de gobierno y su evolución en el tiempo; la influencia de los donativos privados en campañas electorales y su relación con la manipulación de los votos; para concluir que en Estados Unidos, el poder no lo ostenta el pueblo sino una oligarquía. En ella ese poder se concentra “en un grupo pequeño y privilegiado”, formado por “individuos ricos, élites o instituciones poderosas que ejercen un control significativo sobre los sistemas políticos, económicos y sociales”.
Concluye el autor indicando que las oligarquías niegan una democracia verdadera, que es aquella en la cual el poder esté distribuido entre el pueblo. Al afirmarlo, lo hace en clara referencia a Estados Unidos, aunque también a Puerto Rico.
Felicitamos al autor por esta gran aportación al debate político en Puerto Rico, y sobre todo, por mantener siempre firme y en alto el papel que juega la educación en los procesos de descolonización de los pueblos.
¡Enhorabuena Tito! Gracias por obsequiarnos esta excelente obra.
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