En las vistas que celebrará el Grupo Interagencial de Casa Blanca el próximo miércoles 3 de marzo, se nos pide que hablemos de Estatus, cuando hemos expresado por todos los medios la inconformidad de todos los sectores políticos con la relación colonial vigente. Anexionistas, independentistas y estadolibristas hemos sido claros en el reclamo de descolonización.
Ahora le toca al americano, al Congreso y a Casa Blanca, hablarle con claridad al país sobre qué tipo de estadidad, si alguna, estaría dispuesta a aceptar para Puerto Rico, que tipo de asociación, si alguna, es compatible con la constitución de Estados Unidos y cuáles son las indemnizaciones que otorgaría a la nueva República de Puerto Rico por los daños causados durante más de un siglo de colonialismo.
Por haber destruido nuestra agricultura para convertirnos en mercado cautivo de sus excedentes; por haber utilizado nuestras mejores tierras para el establecimiento de bases militares por décadas sin pagar un solo centavo; por haber contaminado nuestras aguas y suelos; por habernos utilizado como animales de experimentación en sus aventuras científicas; por haber utilizado a nuestros jóvenes como carne de cañón en sus guerras imperialistas; por habernos obligado durante casi un siglo a utilizar la Marina Mercante de ese país, la más cara e ineficiente del mundo; por habernos transformado de un país laborioso y productor, que en el 1898 tenía una tasa de participación en la fuerza laboral del 85%, a un país dependiente con una tasa de participación en la fuerza laboral del 42%; por haber permitido la entrada de todo tipo de drogas y armas a través del correo federal, por puertos y aeropuertos, envenenando nuestra juventud y causando el disloque social en que nos encontramos; por haber impedido la libertad de comercio de Puerto Rico; por haber perpetrado masacres, perseguido, asesinado y encarcelado a miles de independentistas desde la invasión y ocupación militar de 1898.
Y nos piden que hablemos en estas vistas de desarrollo económico, como si con las manos atadas con las amarras del colonialismo se pudiera aspirar a un verdadero desarrollo económico.
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