Escrito por Julio A. Muriente Pérez | MINH
Un caso particularmente indeseable es el de Luis Dávila Colón; no por anexionista, sino porque tras una fachada pretendidamente ilustrada se anida un espíritu cínico, nihilista, irrespetuoso, insultante y destructivo, intelectualmente irresponsable, pretendidamente impune y detestablemente arrogante y corrosivo. Vergonzoso para cualquiera que se respete a sí mismo.
Él y su retahíla de acompañantes de ocasión—mediocres, aburridos, panfleteros, incultos, donde Dávila Colón se siente a sus anchas como el pretendido gran maestro del proamericanismo—constituyen un atentado cotidiano a la seriedad y el respeto que debe prevalecer en esta sociedad y en los medios de comunicación de masas. Su anticomunismo rancio, su entreguismo desenfrenado, su ostentación de ser renegados de nuestra nación y su afán por hacer daño a diestra y siniestra, los pinta de cuerpo entero. Todo esto, por cierto, con la bendición de la imperial Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos, que en estos y mucho casos, “mira para el otro lado”; y con la actitud permisiva y gozosa de los dueños de la estación. (p.36-37)
Libro Soy creyente…
2018, Publicaciones Gaviota
Ensayo “Degeneración de la radio nuestra de cada día”
p. 32-42
Nota de redacción
Recordamos, para jamás olvidar, el insulto de Dávila Colón a todas las mujeres al llamar "perra" a una de ellas, esta vez a la alcaldesa de San Juan. Ante las reacciones en su contra, la estación de radio desde la cual el susodicho insulta a diestra y siniestra, lo suspendió por solo una semana.
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