Escrito por Julio A. Muriente Pérez / Copresidente del MINH
Las palabras tan sentidas del querido Antonio Cabán Vale, Topo, ante la muerte desgraciada de Facundo Cabral, me convidan a hacer este breve comentario.
Ha dicho el querido amigo y compañero que “…deja ver que la Humanidad no ha podido zafarse de la camisa de fuerza de la intolerancia ideológica…Es como volver al pasado”.
Lo cierto es que continuamos en el pasado, no hemos salido del pasado, el pasado se ha convertido en presente. No ha dejado la intolerancia de campear por sus respetos, de disponer a su antojo, de hacer daño, de reproducir la perversión a diestra y siniestra. Cambia de fachada, muda de ropajes, disimula, se moderniza, pero es la misma, y peor.
La intolerancia es un camaleón tenebroso, traicionero, violento, inhumano. Sigue ahí. Y nosotros acá sin la menor intención rendir espacio, sin dejar ni por un instante de dar la batalla en favor de la vida y la alegría. En favor del porvenir.
No, no lo pasemos por alto. El enemigo sigue siendo el enemigo. Los malos de ayer son los peores de hoy.
Esa es la terrible realidad. Ese es el gran reto de quienes apostamos a la felicidad, irremediablemente.
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