Miércoles, Septiembre 23, 2026

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La Declaración de Independencia de los Estados Unidos: ¿es mero documento del pasado, o tiene vigencia en la actualidad?

 

 

Buenas tardes colegas, estudiantes, visitantes que nos acompañan en la tarde de hoy.

La Declaración de la Independencia de los Estados Unidos es sin duda un importante documento histórico. Recoge ideas del siglo de la ilustración. Curiosamente habían sido los británicos quienes en el siglo anterior habían cuestionado la monarquía absolutista, adelantando en sus dos revoluciones, la idea de que la soberanía radica en “el pueblo”, no en el monarca que gobierna. En el siglo siguiente pensadores franceses postulaban que la libertad individual era un valor que había que proteger de los abusos de quienes gobernaban. Eso inspiró la revolución que comenzó en 1789 contra lo que llamaron l'ancien régime. Al otro lado del Atlántico, en 1776 los descendientes de los colonos que habían llegado a Norteamérica, siglo y medio atrás, desde Inglaterra y otros países europeos recogieron esas ideas para justificar que, desde el año anterior, mediante lucha armada, se habían rebelado contra la corona británica, con el fin de adelantar sus intereses.

Con un lenguaje atrevido —subversivo— el documento perseguía justificar la decisión de apartarse con violencia del régimen imperante. Invocaron el “derecho natural” superior a un derecho positivo que permitía la opresión de la que decían ser víctimas. Esa conjunción del republicanismo inglés y el liberalismo francés les facilitó invocar colectivamente un derecho a repudiar y derrocar un régimen que consideraban opresivo, con el fin de instaurar sus propios gobiernos. Así pretendían alcanzar la libertad política y económica, y el bienestar general de la población de las colonias.

 

 

El documento se ha calificado por algunas personas como la primera manifestación formal del derecho de todos los pueblos a su libre determinación, aunque ese concepto no se acuñó hasta principios del siglo XX por figuras tan disímiles como Woodrow Wilson y Vladimir Ilich Lenin. La primera oración hace referencia a "[c]uando se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro". Eso podría sugerir que los redactores del documento se consideraban representantes de un solo pueblo, unido en la determinación de la separación. Pero ese no es el caso. Por el contrario, se consideraban representantes de distintas colonias, con características y necesidades particulares, algunas contradictorias. Sus creencias religiosas eran diversas: puritanos en Massachusetts, cuáqueros en Pennsilvania, católicos en Maryland. Sus economías eran también muy diferentes: mercantilismo marítimo en unos sitios; comercio y manufactura incipiente en otros; agricultura en otros, principalmente en el sur; incipiente economía capitalista en el norte, y esclavismo en el sur, incompatible con el capitalismo. No eran un solo pueblo; eran al menos trece pueblos con necesidades y preocupaciones distintas, e incluso desconfianzas entre unos y otros.

Estas diferencias pueden explicar contradicciones internas en la retórica misma del documento, y entre las ideas ahí postuladas y lo que ocurrió después.

Un buen ejemplo aparece de salida en que "[s]ostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales". (All men are created equal) ... ¿Y las mujeres? ... ¿Todos los hombres? ... Curiosamente, el autor y editor principal del documento, Thomas Jefferson, tuvo durante su larga vida 600 esclavos —no muy iguales a él en derechos. Habría de justificarse posteriormente escribiendo sobre lo que consideraba las debilidades de la gente negra: "lack intelligence, beauty, skills (except music)"; "weak in aesthetic delight at finer things." Entendía que los hombres negros preferían a las mujeres blancas, y que las mujeres negras preferían a los orangutanes sobre los hombres negros. En el siglo XX el Dr. Martin Luther King habría de referirse a la idea de igualdad en la Declaración como un promissory note —una especie de pagaré sin fecha de liquidez. Ni siquiera la Guerra Civil, que resultó en la aprobación de tres enmiendas constitucionales relacionadas con la igualdad, y particularmente la igualdad racial, fueron suficientes. La esclavitud fue sustituída por las leyes Jim Crow que institucionalizaron la segregación racial. Esta contó con la validación de la Corte Suprema en Plessy v. Ferguson, que se inventó la doctrina de separate but equal, que subsistió durante noventa años adicionales. "All men are created equal" siguió siendo una retórica bonita, e irreal.

Además de que, según la Declaración, los hombres habrían sido creados "iguales", el texto añade lo siguiente: " [T]hey are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness". Según el Oxford Dictionary, "unalienable" significa "not subject to being taken away from or given away by the possessor". Y según el Diccionario de la Lengua, de la RAE, "inalienable" significa "que no se puede enajenar". La Declaración no contempla los derechos propietarios; solo se refiere a "life, liberty and the pursuit of happiness". No consideraba que todos los hombres tuvieran propiedad; solo comparten derechos personales, no propietarios. Por supuesto, los hombres que tuvieran propiedades serían los que tendrían algo que perder, y por tanto serían los que en su momento podrían controlar las decisiones, empezando por el derecho al voto.

Otras contradicciones emanan de la larga lista de agravios, abusos y usurpaciones imputadas a la corona británica. Por ejemplo, la Declaración le imputa haber aprobado legislación para "obstruir la migración de extranjeros" a las colonias, y otras leyes para dificultar la "apropiación de tierras". Es decir, la corona dificultaba la importación de esclavos del extranjero, y la usurpación de tierras pertenecientes a sus habitantes originales. Por supuesto los derechos de la gente negra esclavizada y de los nativos de esas tierras NO eran motivo de preocupación de los redactores de la Declaración. Todo lo contrario; su proyecto perseguía oprimir esas poblaciones, como en efecto ocurrió. Y además de usurpar las tierras de los habitantes originales, también perseguían la facultad de adquirir otras tierras como en efecto ocurrió durante el siglo XIX, con la expansión territorial de la nación. Recuerden que fue el principal redactor de la Declaración, Jefferson, quien en 1803 le compró a Napoleón lo que se llamaba "la Luisiana", que llegaba desde el Golfo de México —¿o es ahora el Gulf of America?— hasta Montana, duplicando el territorio del país.

Luego vinieron Florida en 1819, la mitad de México en 1845 y Alaska en 1867. Un poco después, la expansión fue allende los mares: Hawái entre 1893 y 1898, y en ese mismo año, las Islas Filipinas, Guam, Cuba y Puerto Rico. Un artículo publicado recientemente por un exestudiante mío de hace 25 años, el Wilkins Román Samot, examina lo que había visualizado José Martí, desde antes del '98, sobre los Estados Unidos. Martí reconocía la energía, las instituciones y el desarrollo material de los Estados Unidos, pero "no podía ignorar sus mecanismos de dominación y sus ambiciones imperiales.... [L]eyó a los Estados Unidos como un país en transformación moral ... [en que l]a democracia podía convertirse en máscara del poder. Y la libertad en justificación de la expansión."

En el siglo XX la cosa no mejoró. Los Estados Unidos habían dejado de ser colonias en el Tratado de París del 1783 con Gran Bretaña. Luego habrían de adquirir colonias en el Tratado de Paris de 1898. ¿Cómo armonizar la retórica de la Declaración con la adquisición de colonias que no formarían parte del país, sino que serían posesiones sujetas a los poderes plenarios del Congreso y el gobierno federal? Había que minimizar la contradicción. Por ejemplo, el 4 de julio de 1942, luego del ataque a Pearl Harbor y la entrada a la guerra, el presidente Roosevelt inauguró el Monumento a Jefferson en Washington. Llevaron la Declaración, y en su discurso Roosevelt relacionó la Declaración con el esfuerzo contra el fascismo y sus propias políticas económicas. Después de la ceremonia, devolvieron la Declaración a Fort Knox donde la habían guardado para asegurar su seguridad. Pero en el Monumento está tallado en el mármol el segundo párrafo que dispone que para asegurar los derechos se instituyen gobiernos, pero no tallaron la frase "deriving their just powers from the consent of the governed, that whenever any form of government becomes destructive of these ends, it is the right of the people to alter or abolish it."

¡Qué curioso! La Declaración también dice lo siguiente: "[W]hen a long train of abuses and usurpations, pursuing invariably the same Object evinces a design to reduce [the people] under absolute Despotism, it is their right, it is their duty, to throw off such Government, and to provide new Guards for their future security." Es derecho del pueblo derrocar y proveer medidas para su seguridad futura. Durante medio siglo, el gobierno de Puerto Rico fue definido mediante ley orgánica federal. Luego cambió la narrativa; durante 65 años se trató de vender la idea de que como habíamos aprobado una constitución, habíamos dejado de ser territorio. Pero ahora sabemos que eso fue un engaño monumental. Hoy día cualquier decisión del gobierno de Puerto Rico puede ser revocada por una junta de siete personas nombradas por el presidente de los Estados Unidos, y cualquier cuestionamiento lo resuelve una jueza federal.

Nos han negado leyes beneficiosas mediante un régimen económico que quebró. Han perseguido a quienes no están de acuerdo con el régimen colonial. No han respondido a múltiples peticiones para cambiar la relación. Han obligado a nuestros órganos legislativos a acatar sus medidas. Sus actos nos exponeen a los peligros de invasión externa y convulsiones internas. Han mantenido ejércitos permanentes en nuestras tierras. No tenemos participación en el gobierno que hace todo esto. ¿No se parece esto a la lista de agravios, abusos y usurpaciones que detalla la Declaración, pero 250 años después?

No podemos gobernarnos. Carecemos de soberanía. Somos una colonia.

¿Qué procede?

Creo que es tiempo que invoquemos los valores de la Declaración, actualizados al siglo actual, y repudiemos los abusos. Como hicieron a su manera las colonias británicas hace 250 años, debemos ahora invocar el derecho internacional vigente en el siglo XXI, y reclamar nuestro derecho a la libre determinación.

Solo me resta compartir con ustedes la gran pregunta que hizo el Dr. Ramón Emeterio Betances luego de la linvasión del 1898: ¿Qué les pasa a los puertorriqueños [y puertorriqueñas, añado yo] que no se rebelan?

Muchas gracias por su atención.

 

 

Fundación Juan Mari Brás

 

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